Hace varios siglos, en Quinua se desarrollaba la cultura Huarpa, antecesora del poderoso imperio preinca de los Huari. Ambas culturas destacaron en su cerámica y alfarería con una técnica que ha sobrevivido hasta nuestros tiempos.
Esto no hubiera sido posible sin el arduo trabajo de los quinuanos, quienes han sabido mantener este arte ancestral. No en vano es Quinua conocida como “cuna de artesanos”.
El impacto de estas iniciativas demuestra que el arte es un puente fundamental para unir al país.
Uno de estos ilustres ayacuchanos es Artemio Poma Gutiérrez, guardián del legado quinuano que busca mantener una tradición milenaria heredada de su padre, don Pablo Poma Enríquez.
“Los Huari usaron el moldeado a mano y los engobes naturales a partir de arcillas de colores, el polícromo que usamos nosotros hasta ahora. La cerámica de Quinua tiene su estilo propio, usamos iconografías propias inspiradas en la flora y fauna de nuestros pueblos”, me explica el señor Poma.
Él aprendió desde niño a ser alfarero, conociendo la técnica ancestral de sus antepasados desde la infancia, la cual desea mantener.
“Los materiales que usamos son oriundos de nuestro pueblo. El primer paso en nuestro taller es ir a las canteras para sacar arcilla y puzolana, que mezclamos y hacemos la masa, la que preparamos pisando y tamizando. Luego moldeamos 100% a mano. Usamos tierra de colores para formular un estilo propio y natural al 100%, sin usar aditivos ni otros insumos, todo cocinado en hornos tradicionales a leña, ese es nuestro proceso”, explica.
Artemio Poma bajo el lente de Javier Zapata
Artemio es parte de la feria de artesanías peruanas Ruraq Maki, una ventana hacia nuestros pueblos que muestran al público nacional e internacional la riqueza de nuestra cultura.
“Es un evento muy importante para el Perú. Hay muchas prácticas que se vienen perdiendo en el tiempo, como la herrería. Antes se hacían candados artesanalmente, pero ahora ya existen en el mercado otras alternativas, más industriales, digamos”, reflexiona.
“Mi hijo ya es un profesional, y ahora quiere continuar con este legado. Tiene más ideas, las tendencias cambian, pero siempre preservando esa esencia que nos identifica”, dice orgulloso.
Con el mismo orgullo recuerda a su padre, de quien heredó el conocimiento que hoy pone en los ojos del mundo. “Mi padre partió a temprana edad, pero sé que se sentiría orgulloso”, añade.
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Ruraq Maki cumple veinte años. Va hasta el 29 de julio en la sede central del Ministerio de Cultura (Av. Javier Prado Este 2465, San Borja).
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El horario de atención es de 10 a. m. a 8 p. m. El ingreso es libre. Es la exposición-venta de artesanía y arte tradicional más importante del país. Participan 210 colectivos.
"Recuerdo cómo se transportaban las cerámicas en ese tiempo. Camiones llenos de cerámicas de gran tamaño, porque en ese tiempo se enfocaban más en casas. Ahora ya es más para departamentos, los espacios se han reducido y nuestro arte se adapta. Se empacaban con pajas de alverja, trigo, no había papel para embalaje, era muy distinto", me cuenta mirando un espacio vacío, como si estuviera viendo esos camiones en compañía de su padre.
El trabajo de Poma representa la continuidad de un legado ancestral, uno que fortalece el patrimonio cultural de nuestro país, manteniendo viva una de las expresiones artísticas más emblemáticas del Perú.
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