Si hay un postre peruano ideal para endulzar cualquier hora del día esos son los picarones. Y qué mejor si provienen de las manos expertas de Rosita Yancunta, una mujer de 70 años que ha dedicado casi la mitad de su vida al arte de amasar, batir y preparar el puré de camote y zapallo hasta convertirlo en exquisitos aros chorreantes de miel.
En la puerta de su casa, ubicada en el centro de Chancay, Rosita instala cada tarde una pequeña cocina y el perol donde fríe y va dando forma a los picarones durante el tiempo que conoce bien. El plato que ofrece contiene cinco anillos de una deliciosa textura suave y esponjosa. La miel que los baña está hecha de higo seco puesto en hervor con azúcar, canela y clavo. Lejos de empalagar, cada ración que uno termina convoca a repetir y pedir para llevar.
En este huarique también se puede saborear el mostrito broaster, aeropuerto y arroz chaufa, siempre acompañados de un aguadito de cortesía.
Doña Rosa dice que la calidad de sus picarones deriva de la atención personal de cada detalle. Ella misma escoge, compra, pela y sancocha los camotes y zapallos que, en el proceso, batirá con agua de anís. “Ahora venden el camote y zapallo hechos harina. Así no sale bien”, anota.
Por ese apego a la preparación tradicional del postre más la técnica personal que ha depurado para lograr un sabor único, llama a sus picarones “los originales”. “El resto son copia”, señala y alarga una sonrisa.
DÓNDE
Av. Mariscal Sucre 177, Chancay (a media cuadra del hospital).
Porción de picarones: S/4.
Todos los días de 4 p.m. a 8 p.m.
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