Cuando era niño, con apenas 10 u 11 años, Micha solía acercarse a la cocina de su casa, donde Maura —la señora que ayudaba a su madre— preparaba los alimentos del día. Se quedaba ahí, observando, haciendo preguntas una tras otra, con una curiosidad que parecía no agotarse nunca. Maura respondía con paciencia, pero también con asombro: ¿cómo podía alguien tan pequeño querer saber tanto?
El restaurante fue elegido el jueves como el mejor restaurante del mundo por la prestigiosa lista The World’s 50 Best Restaurants 2025, consolidando así el impacto global de la cocina peruana.
En ese entonces, Mitsuharu Tsumura soñaba con ser piloto. Le fascinaban los aviones. Pero fue la cocina —una pasión que no heredó, que nació sola— la que lo llevó a descubrir algo más profundo: que el secreto de la felicidad está en hacer feliz a los demás.
Ese sentimiento sigue intacto. Micha lo dice a solo unas horas de haber tocado la cima con Maido, elegido el mejor restaurante del mundo en los The World’s 50 Best Restaurants 2025.
Ha hecho una breve parada en Madrid. Está acompañado por Mariana, su novia y cómplice. Fue a ella a quien primero tomó de la mano —fuerte, muy fuerte— cuando escuchó en la gala de Turín que Maido era el número uno del planeta. Luego vinieron los abrazos, los aplausos, el discurso y todo lo que vimos.
Pero, cuando la euforia pasó, Micha hizo lo que cualquier hijo haría: se comunicó con su madre por WhatsApp y le dejó un mensaje a su padre, que a esa hora —la 1 de la tarde y un poquito más— estaba ocupado. Su hermana y su mamá vieron la ceremonia en YouTube.
Su mamá no tenía voz para responder. Había gritado como si Perú hubiera metido un gol en el último minuto. Micha se emociona al contarlo. Tiene 43 años, sí, pero cuando habla de su familia, de sus sueños, de Maido, parece ese mismo niño que nunca dejó de creer que todo es posible.
En Italia, Micha y su equipo intuían que podía ser el año de Maido. Sabían que habían hecho un trabajo excepcional. Que, tras 11 años en el ranking mundial, Maido merecía ese primer lugar. Aun así, mantuvieron la calma.
“Estábamos soñando con eso... y pasó”, dice hoy. Y repite muchas veces el “lo logramos”. Siempre en plural. Porque Micha no cree en los triunfos solitarios: cree en la fuerza del equipo.
"Lo maravilloso hoy en día es la memoria, es recordar. Yo creo que la cocina te hace sentir cosas que no has sentido antes”, dijo Micha al llegar el sábado a Lima. (Foto: Difusión)
Quienes trabajan con él —y también quienes pasaron por su cocina— coinciden: Maido no solo es un restaurante, es una escuela. Micha es un jefe exigente, sí, pero también amable, respetuoso y generoso con el conocimiento. Le gusta enseñar, porque sabe lo que significa aprender.
Sergio Nakamura trabajó en Maido entre 2017 y 2020. Tenía 24 años cuando llegó y, aunque ya había pasado por la cocina de Virgilio Martínez, fue con Micha que entendió qué significa realmente formar parte de un equipo. “Micha ha sido, sin duda, uno de mis grandes mentores”, comenta. Cuando quiso abrir su propio restaurante fue Micha quien más lo alentó. Y eso no se olvida.
Florencia Rey, sommelier del restaurante, responde sin dudar cuando le preguntan por él: “Micha es una persona profundamente humilde, con un corazón enorme. Tiene un paladar supercreativo, y lo increíble es cómo logra trasladar toda esa imaginación a cada plato que crea. Es un superjefe. Exigente, sí, pero justo, cercano, humano. Siempre tengo cosas buenas que decir de él. Trabajar juntos es una experiencia que atesoro. Y, si hay algo que rescato por encima de todo, es su humildad, su sencillez, su forma de liderar con el ejemplo”.
Francesca Ferreyros, reconocida cocinera peruana, también tiene una historia que contar. Fue Micha quien la convenció de regresar al Perú a cocinar. Le dijo que hacían falta más mujeres en la gastronomía y, ya en Lima, la impulsó a crecer.
Andrés Orellana tenía 25 años cuando conoció a Micha. El joven cocinero quedó impactado por lo que vio en Maido y lo tiene como referente.
“Es una persona que impulsa a los que están empezando. Se involucra con los nuevos talentos, y no solo en Lima. Tiene un compromiso en varias regiones. Promociona el Perú en diferentes lugares y lo tengo como un ejemplo constante, como un modelo”.
ESO QUE NOS UNE
Es un triunfo del Perú, no de Maido. Así lo cree el cocinero.
“Esto ya va mucho más allá del restaurante. Esto es parte de la cultura del país, de nuestra identidad. Es uno de los atractivos que el Perú ofrece al mundo. Es para aplaudirnos y sentirnos orgullosos de lo que estamos logrando como país a nivel gastronómico”.
En un país dividido, donde ni siquiera el fútbol logra unirnos del todo, la cocina sí. Allí coincidimos: “Si en algo estamos de acuerdo los peruanos es en que amamos nuestra cocina. Y la cocina puede lograr cosas mágicas. Puede hacer que lo imposible se vuelva posible”.
Maido, emblema de la fusión nikkei, es para Micha más que un restaurante: es un espacio donde se fabrica felicidad. Su concepto de felicidad es colectivo.
“Yo soy feliz a través de la felicidad de los demás. Si me preguntas qué me hace feliz, te digo: ver a la gente sonriendo por lo que hacemos. Maido es una familia. Hay personas que llevan más de diez años con nosotros. Vienen a trabajar porque aman lo que hacen, porque queremos que cada cliente se vaya con una sonrisa y un recuerdo especial. Esa es nuestra motivación diaria: provocar felicidad. Y no hay nada más hermoso que eso”.
Y vuelve a insistir, con la voz emocionada:
“No hay nada comparable a ese momento en que alguien te dice lo bien que la pasó. Cuando un peruano viene a celebrar algo importante. Cuando alguien viaja quince mil kilómetros solo para comer en Maido. Eso..., eso no tiene precio”.
Reconstruir la historia de Micha puede ser un ejercicio repetitivo, así que nos centramos en el ahora.
Micha tiene una profunda conexión con los productores, los pescadores y los proveedores que llegan a su cocina. Son un ejército de personas que hacen posible la experiencia Maido.
Si hay algo que quisiera destacar en medio de la vorágine de estos días es el poema —porque sí, es un poema— que le dedicó Gastón Acurio tras el premio. Gastón Acurio, el primer cliente de Maido, y el que ya perdió la silla porque la casa siempre está llena.
“Aparte de ser uno de mis mejores amigos, Gastón es el pionero, el visionario. Me conoce y él sabe lo que nosotros hemos trabajado para lograr esto”.
Astrid Gutsche, la esposa de Gastón, piensa que ya se ha dicho todo. Por eso, solo se atreve a soltar unas palabras: “Es una persona hermosa. ¿Sabes lo que es eso? Todo”.
En este mundo, Micha aprendió que no ha llegado para hacer comida rica. No, solamente.
“Debemos entender por qué estamos en esta industria y para qué lo hacemos. Si no lo sabemos, nada tiene sentido. Hay que preguntarnos constantemente ¿de dónde viene el insumo? ¿Por qué lo tratamos así? ¿Por qué lo cortamos de cierta forma? ¿Por qué lo cuidamos? Todo tiene un porqué en la vida. Yo lo pensaba desde niño y, aunque uno deja de preguntar en voz alta, creo que nunca deberíamos dejar de cuestionarnos. Cuando entiendes el porqué de las cosas, encuentras su verdadero sentido. En la cocina hay mucho de sentido común, de lógica, de física, de química. Son reacciones. Un agricultor o un pescador te entrega un producto y tú decides si lo honras o lo arruinas”.
Micha soñana con ser piloto y hasta hoy mantiene ese anhelo. Foto: Difusión.
DISTINTAS FORMAS DE VOLAR
¿Dónde quedó el niño que quería ser piloto? Micha me puede responder que ese niño nunca se fue. Su padre tiene una agencia de viajes y fue por allí que se fascinó por los aviones. Me enumera modelos, piezas y series como si se tratara de platos de su carta.
“Él me enseñó a viajar, me enseñó cómo era un aeropuerto… Me gusta hablar de aviones. Hasta el día de hoy probablemente uno de mis sueños sea volar un avión”.
Y justamente esta entrevista se hace en un aeropuerto. Por el cielo cruzan aviones y él está de la mano de Mariana, su compañera desde hace 12 años.
“Mariana me ha acompañado a todas las ceremonias desde la primera, y este 2025 ha sido especial porque marcó nuestro undécimo y último año en la competencia: al ganar, pasamos a la categoría Best of the Best, como ya lo hicieron Central y Virgilio. Mariana ha estado ahí en cada momento, apoyando cada idea, cada proyecto. Antes de la gala no me dijo que íbamos a ganar, pero su presencia y su compañía han sido constantes”.
Maido no se detiene. El premio se aplaude, pero no lo define. Micha no trabaja por un reconocimiento aunque esté reventando de alegría.
En un mundo donde todo se quiere de inmediato, Micha recuerda que los procesos toman tiempo. Foto: Difusión.
¿Qué viene para Maido? El equipo está desarrollando un proyecto con el Bosque Guardian en Tarapoto, un espacio amazónico donde los visitantes podrán conectar con el origen de los productos que ya se usan en Maido, además de disfrutar de una experiencia gastronómica 100% amazónica, en plena selva.
Un estudiante de cocina me dijo que le pidiera a Micha un consejo. Lo hice. Y esta fue su respuesta:
“No corran”. En un mundo donde todo se quiere de inmediato, él recuerda que los procesos toman tiempo, que la experiencia no se puede acelerar y que caerse también es parte del aprendizaje. “Todos nos hemos caído”, dice, pero insiste en que lo valioso es construir una formación sólida, paso a paso. En su época, ser cocinero no era motivo de aplausos. Hoy lo es, pero eso no debe hacer perder de vista lo esencial: cocinar con propósito, aprender con humildad y tener paciencia.
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