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Adam L. Weintraub: “Las palabras pisco y Chile no comparten la misma oración”

Fotógrafo, viajero y fundador del Museo del Pisco, este estadounidense pone el pecho por nuestro producto bandera. Este espacio tiene tres sedes: Cusco, Arequipa y Lima. El próximo año llegará a Madrid. 

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FUNDADOR DEL MUSEO DEL PISCO
Adam L. Weintraub: "Me mudé al Perú en 2010, abrimos el primer Museo del Pisco en Cusco en 2012 y, casi 15 años después, se ha convertido en una institución".
Fecha actualización:
17/12/2025 - 15:48
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El pisco no siempre se contó como experiencia ni se defendió como patrimonio. Hubo un tiempo —no tan lejano— en el que la bebida bandera del Perú estaba ausente del relato gastronómico contemporáneo. No se explicaba, no se contextualizaba, no se enseñaba a beberla con criterio. 

En ese escenario aparece Adam L. Weintraub, fotógrafo y viajero estadounidense, quien desde fuera del circuito tradicional decidió apostar por un espacio dedicado a entender, probar y explicar el pisco con rigor. Así nació el Museo del Pisco, hoy con sedes en Cusco, Arequipa y Lima, y con una próxima apertura en Madrid. 

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MUSEO DEL PISCO
El Museo del Pisco está en Cusco, Arequipa y en Lima. El próximo año llegará a Madrid. 

En esta conversación, Weintraub —casado con una cusqueña— revisa el origen del proyecto, cuestiona las debilidades institucionales que afectan al sector y reflexiona sobre la necesidad de educar al consumidor para que el pisco sea reconocido, dentro y fuera del país, como lo que es: patrimonio cultural líquido.

¿Cómo nace el Museo del Pisco?
—La versión corta es que me volví fanático del pisco en una época en la que casi nadie estaba haciendo algo serio por él. A inicios de los 2000, más allá de Hans Hilberg con Pisquerito, no había una propuesta clara. Yo venía al Perú guiando tours fotográficos, recorría el país, me enamoré de su gastronomía y vi que el pisco todavía no tenía el espacio que merecía. Recomendé durante años a restaurantes que lo trabajaran mejor, pero nadie me hacía caso. Entonces pensé: “¿Por qué no lo hago yo?”. Me mudé al Perú en 2010, abrimos el primer Museo del Pisco en Cusco en 2012 y, casi 15 años después, se ha convertido en una institución.

¿Cuántas sedes tiene actualmente el Museo del Pisco?
—Tres: Cusco, Arequipa y Lima. Perdimos una en Miraflores durante la pandemia. El primero fue Cusco (2012), luego Arequipa (2014) y Lima (2016). Curiosamente, el del Centro de Lima es ahora el más exitoso. Cuando abrimos, la zona era durísima; hoy es tendencia. Siempre hemos apostado por lugares donde nadie quería invertir. 

“La fotografía ya no es mi día a día, pero sigue muy presente en proyectos grandes: libros, como Vista Andina sobre Cusco o el libro de Pisco Patrimonio. También sigo guiando tours fotográficos en Perú, Colombia, España y Marruecos. No enseño cámaras sino como mirar”.

¿Cómo te enamoras del pisco?
—Soy viajero por naturaleza. Me encanta comparar vinos, whisky, mezcal, gin… El pisco entró ahí. Pero noté que, aunque había pisco artesanal, faltaba formalidad, criterio y profesionalismo entre productores. Esa ausencia de una entidad independiente que diga “este es un buen pisco” es una gran debilidad. El Museo nace también para apoyar a los artesanos y darles visibilidad.

¿Ya conocías el pisco antes de vivir en Perú?
—No realmente. Viví en Italia y conocí la grappa, pero el pisco es otra cosa, es mucho mejor.

¿Cuántos piscos distintos se pueden encontrar en una sede?
—Trabajamos con unas 50 marcas, y cada una suele tener entre tres y cuatro expresiones. Eso significa entre 150 y 200 botellas distintas por sede. En Arequipa priorizamos marcas locales; en Lima, piscos de Lima; y en Cusco, una selección más amplia.

En el museo no solo se sirve un trago, se vive una experiencia. ¿Cómo la defines?
—Siempre sentí que el chilcano escondía el pisco. Para mí, el pisco es tan lujoso que merece ser entendido en su estado más puro. Por eso trabajamos catas, degustaciones, experiencias paso a paso. Apostamos por una coctelería spirit forward, donde el pisco sea protagonista. La cultura peruana ama el pisco, pero muchas veces no lo conoce en profundidad. Ahí hay una gran oportunidad de aprendizaje.

¿Quiénes son hoy los consumidores del Museo del Pisco?
—Depende de la ciudad. En las regiones pisqueras, el público tiende a ser mayor. En Cusco, en cambio, hoy vemos mucha juventud interesada en explorar, aprender y probar cosas nuevas.

¿Qué es lo que más orgullo te genera de este proyecto?
—No lo veo terminado, pero creo que el Museo del Pisco ha cambiado el discurso del pisco dentro del mundo gastronómico peruano. Ser testigo del crecimiento del orgullo gastronómico del país y del lugar que hoy ocupa el pisco ha sido un lujo.

Vives en Seattle, ¿sigues conectado con el pisco desde allá?
—Claro. Tengo una cava de piscos en casa. Hoy estoy muy enfocado en la exportación y en nuestro propio pisco: Patrimonio. Lo empezamos a desarrollar en 2020. Es un acholado pensado para saborearse despacio, con notas florales y de pasto seco, más cercano a la experiencia de un buen whisky o mezcal.

¿Planes a futuro?
—Estamos por abrir el Museo del Pisco en Madrid en tres meses. Estamos muy entusiasmados con este proyecto, que se suma a la llegada de marcas peruanas como La Mar y Osaka. De alguna manera, seremos la tercera cadena peruana de nivel en exportarse a Madrid, y eso nos llena de orgullo.

¿Qué piensas cuando alguien habla de “pisco chileno”?
—Cuando me dicen “pisco chileno”, me río. Estoy muy metido en el mundo del pisco y, para mí, las palabras pisco y Chile no comparten la misma oración. Chile hace otra cosa: un producto tolerable, que ha mejorado en los últimos años, sí, pero que no tiene nada que ver con la calidad ni con el respeto por la denominación de origen del pisco peruano. La denominación que maneja el Perú es elegante y da como resultado un producto de calidad que Chile no puede alcanzar. Y eso sin entrar siquiera en el tema de las uvas. Ellos tienen mejores condiciones para hacer vino —y hacen muy buen vino—, pero Chile no hace pisco. 

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MUSEO DEL PISCO
"Estoy muy metido en el mundo del pisco y, para mí, las palabras pisco y Chile no comparten la misma oración", dice el fundador del Museo del Pisco.

¿Qué debemos hacer?
—Si un gobierno respeta el crecimiento del sector y a los empresarios que invierten en algo que representa la cultura peruana, como el pisco, tiene que invertir más en ayudarnos a representar al país como se merece.

¿Dónde está entonces el verdadero problema?
—Dentro del Perú. Las peleas internas entre productores y la falta de respaldo estatal castigan a la categoría. Afuera, la gente se confunde porque ve la palabra “pisco” en ambos productos. 

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