Hacer un testamento es una buena práctica para las personas que tienen un patrimonio acumulado porque permite ordenar la sucesión y expresar de manera formal la voluntad del propietario de los bienes.
Entre enero y mayo, el Perú envió bienes a 162 destinos en el cual se destacan China y Estados Unidos.
Según Maite Colmenter, socia del área de Private Clients de Rebaza, Alcázar & De Las Casas, aunque no puede utilizarse para desconocer los derechos de los herederos forzosos, sí ofrece un margen para decidir el destino de una parte del patrimonio dentro de los límites que establece la ley.
Sin embargo, pueden pasar los años y cuando finalmente fallece el testador, la familia puede descubrir que la realidad es bastante más compleja.
Uno de los errores más frecuentes sobre las herencias es creer que un testamento funciona como una fotografía permanente del patrimonio. Es decir, que los bienes y valores consignados en él permanecerán inalterables hasta el momento de la muerte.
Este documento refleja la voluntad de una persona en un momento determinado, pero no congela su patrimonio. Desde la fecha en que se hizo hasta la muerte del testador, puede ocurrir que haya vendido propiedades, comprado otras nuevas, adquirido acciones, desprenderse de inversiones, crear empresas o modificar sustancialmente el valor de los bienes que ya tenía.
NÚMEROS QUE CAMBIAN
La experta pone un ejemplo para ayudar a entender el problema. Imaginemos que una persona redacta un testamento cuando las acciones de una empresa representan apenas una pequeña fracción de su patrimonio. Años después, la compañía multiplica su valor y esos mismos títulos se convierten en el activo más importante de la fortuna familiar. Es decir, lo que inicialmente parecía una asignación menor podría terminar excediendo los límites que la ley permite destinar a terceros.
¿Qué ocurre entonces? Los herederos tienen la posibilidad de solicitar una revisión del patrimonio para determinar si la asignación respeta los límites que establece la legislación peruana.
Si los bienes entregados a un tercero exceden la porción que legalmente podía destinarse a él, la distribución podría ajustarse.
Por eso, explica Colmenter, la valorización de los activos al momento del fallecimiento resulta fundamental para ejecutar correctamente una sucesión.
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