Caminar nunca fue tan hermoso. Pasar por cada restaurante, por cada tienda, por cada cuadra, cruzar una vereda y ver con orgullo como todos usaban la camiseta blanquirroja. Sí. Esa indumentaria tan sagrada por todos que significa la dicha de ser peruano. La emoción brotaba y brota como algo natural, algo de nosotros, algo que nadie podía arrebatar.