El 1 de febrero de 2012, el fútbol dejó de ser un juego en la ciudad egipcia de Puerto Saíd. Lo que debía ser un clásico del campeonato local entre Al-Masry y Al-Ahly, dos de los clubes más populares de Egipto, terminó convirtiéndose en una de las peores tragedias en la historia del deporte: 74 personas murieron y más de mil resultaron heridas tras una avalancha de violencia en el Estadio de Puerto Saíd.
El cruce entre el ahora técnico de la Selección Peruana y el ex Real Madrid en Fluminense terminó en la salida del histórico lateral brasileño.
Un partido cargado de tensión previa
El encuentro correspondía a la Premier League de Egipto y se desarrolló en un contexto político extremadamente sensible. El país atravesaba los meses posteriores a la Revolución Egipcia de 2011, que había derrocado al presidente Hosni Mubarak. En ese escenario, las barras organizadas, especialmente los Ultras Ahlawy (hinchas radicales de Al-Ahly), habían ganado protagonismo político por su activa participación en las protestas contra el régimen y las fuerzas de seguridad.
La rivalidad futbolística se mezcló así con un trasfondo político y social explosivo.
El estallido de la tragedia
Tras la sorpresiva victoria de Al-Masry por 3-1, miles de hinchas locales invadieron el campo de juego. Armados con palos, piedras, cuchillos y bengalas, se dirigieron directamente hacia la tribuna visitante, donde se encontraban los seguidores de Al-Ahly.
La situación se volvió letal cuando los aficionados intentaron huir y descubrieron que las puertas de salida estaban cerradas. Muchos murieron aplastados, otros apuñalados, y varios cayeron desde las gradas en medio del caos. La escasa y pasiva presencia policial fue duramente cuestionada desde los primeros momentos.
Sospechas de complicidad y fallas de seguridad
Las investigaciones posteriores revelaron graves irregularidades:
- Falta de controles de ingreso
- Ausencia de separación adecuada entre barras
- Puertas de emergencia cerradas
- Iluminación apagada durante los disturbios
Estas condiciones alimentaron la sospecha de que la tragedia no fue solo el resultado de violencia entre hinchas, sino también de negligencia —o incluso complicidad— de las fuerzas de seguridad, a quienes los Ultras acusaban de represalias por su rol en la revolución.
Consecuencias inmediatas
La tragedia provocó una conmoción nacional e internacional. Como respuesta inmediata:
- El campeonato egipcio fue suspendido indefinidamente
- Se prohibió el ingreso de público a los estadios durante años
- Al-Masry fue sancionado y excluido temporalmente de competiciones
Además, se iniciaron juicios masivos que culminaron, en 2013, con 21 condenas a muerte para implicados directos, lo que a su vez desató nuevas protestas y disturbios en Puerto Saíd.
Un antes y un después para el fútbol egipcio
La Tragedia de Puerto Saíd marcó un punto de quiebre. El fútbol egipcio perdió su carácter festivo y popular, transformándose en un espacio vigilado, restringido y profundamente herido. Para los hinchas de Al-Ahly, el recuerdo sigue vivo como una herida abierta y un símbolo de lucha contra la impunidad.
Más allá del deporte, Puerto Saíd se convirtió en un reflejo de un país en crisis, donde la violencia, la política y el fútbol colisionaron de la manera más brutal.
Memoria y lecciones
A más de una década de los hechos, la Tragedia de Puerto Saíd sigue siendo un recordatorio doloroso de lo que ocurre cuando el deporte se ve atravesado por la intolerancia, la represión y la falta de responsabilidad estatal. El nombre de las víctimas permanece como un llamado permanente a la memoria, la justicia y la seguridad en los estadios.
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