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Alianza con dudas, pero más motivado que nunca

Los íntimos podrán no atravesar su mejor momento, pero cargan consigo el empuje de abuelos, padres e hijos. 

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llave abierta. En la ida, peruanos y chilenos no lograron convertir. Todo se definirá en Coquimbo este jueves 25.
Fecha actualización:
21/09/2025 - 07:00
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Este jueves 25 de septiembre, Alianza Lima se juega más que una clasificación. En Coquimbo —afortunadamente sin público—, frente a la Universidad de Chile, los íntimos buscarán sellar su pase a semifinales de la Copa Sudamericana en un partido que podría convertirse en uno de los hitos más importantes de su historia reciente. El empate sin goles en Lima dejó sensaciones encontradas: por un lado, la certeza de que el equipo tiene, aún en estas instancias, con qué competir; por otro, la preocupación de que, si no mejora, puede quedarse corto.

Y es que este Alianza de Néstor Gorosito ha sido una especie de enigma durante todo el año. En el torneo local, su rendimiento es irregular, cargando con caídas inexplicables, como la última frente a Garcilaso. Pero, en el plano internacional, el equipo ha mostrado una versión mucho más competitiva. No es poca cosa haber eliminado a Boca Juniors en la Bombonera y a Gremio en Porto Alegre. Son gestas que, por sí solas, ya colocan a este plantel en un lugar especial dentro de la memoria aliancista.

Sin embargo, también es cierto que en la Libertadores hubo momentos en los que Alianza fue ampliamente superado. El equipo ha tenido dificultades para sostener su juego, especialmente cuando le quitan la pelota. Y eso fue precisamente lo que ocurrió en el partido de ida ante la U. de Chile: un rival que no solo lo incomodó, sino que por momentos lo superó con claridad. El 0-0 fue un resultado generoso, más allá de que la visita no logró romper el cero con un hombre más, lo cual es mérito del sistema defensivo victoriano.

Entonces, ¿a qué juega Alianza Lima? La pregunta ha rondado durante meses y cobrado más fuerza en las últimas semanas. El trabajo táctico no parece ser el fuerte del equipo, pero sería injusto decir que no hay una idea. Gorosito, con sus bemoles, ha logrado que el grupo crea en él. Y cuando los jugadores clave están en buena forma, el colectivo responde. Lo ha hecho en partidos grandes y en escenarios hostiles, y eso no es poca cosa.

El problema es que, lógicamente, no siempre están todos bien. Ahora, es preciso tener en cuenta que, más allá de errores puntuales —como la última expulsión de Carlos Zambrano—, Alianza cuenta con un plantel de jerarquía. Eryc Castillo, Kevin Quevedo, Sergio Peña, Fernando Gaibor y Miguel Trauco tienen condiciones para marcar diferencias. Y ni hablar de Hernán Barcos y Paolo Guerrero, dos delanteros que, incluso en sus últimos años, siguen siendo determinantes.

La clave está en encontrar el punto justo. ¿Qué necesita Alianza para rendir al máximo? Primero, plenitud física. Y aunque hay algunos jugadores con kilos de más, a estas alturas ya no hay mucho margen para ajustes. Lo que hay es lo que hay. Segundo, y quizás más importante, motivación. Y en eso este equipo está sobrado. En la Sudamericana, se ha visto a un grupo comprometido y con hambre de gloria.

Gorosito ha sabido conectar con el plantel. Transmitió efectivamente su mensaje y logró cohesión, y eso se nota. Los jugadores se sienten cómodos, algunos incluso identificados con el club. Y no hay mayor acto de amor hacia una institución que dejar todo en la cancha. Este jueves tienen la oportunidad de escribir un capítulo inédito en la historia de Alianza Lima: el de la gloria internacional.

El hincha aliancista ama al club con una devoción que roza lo religioso, pero fuera del país el equipo está históricamente en deuda. En el Perú, Alianza es y siempre será sinónimo de grandeza, pero en el extranjero los logros han sido escasos. Este plantel, con sus luces y sombras, tiene la chance de cambiar eso. De darle al hincha lo que siempre ha soñado.

La invaluable oportunidad de hacerlo, además, frente a un rival que desde aquel injusto 2010 se ha convertido en algo más. La Universidad de Chile no es solo un equipo fuerte; simboliza una herida que aún no cicatriza. Ganarles, eliminarlos, reivindicar al equipo del ‘Zorrito’ y ‘Zlatan’ sería una forma de sanar, de “cerrar el círculo” para avanzar.

Este jueves, Alianza Lima no solo juega un partido. Luchará por su historia, por su gente, por el lugar que merece su hinchada en el continente. Las expectativas son gigantes, y solo superadas por la ilusión. La de aquellos que recuerdan los tiempos de Velásquez, Cueto y Cubillas; la de quienes vieron su corazón roto por primera vez tras el 2-2 de hace ya quince años; y la de quienes en esa época eran muy pequeños o tal vez no habían nacido, pero que hoy están experimentando el amor por su club como nunca antes lo habían hecho. Esta no es solamente una gesta por la gloria, es un sueño que trasciende generaciones.    

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