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ESCRITOR

Ricardo Sumalavia: "Le hemos dado demasiado poder al conocimiento"

Acaba de publicar el libro 'Enciclopedias del carnaval', una gran reunión de microrrelatos. Perú21 entrevistó al escritor y catedrático Ricardo Sumalavia.

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Ricardo Sumalavia.
Ricardo Sumalavia acaba de publicar el libro 'Enciclopedias del carnaval', una gran reunión de microrrelatos. (Foto: Victor Ch Vargas).
Fecha actualización:
10/07/2026 - 07:00
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A cada hachazo que daba, emanaba la fragancia de la lúcuma. No tenía la fuerza suficiente para cortarlo, tuvo que imprimir toda su humanidad. Tras el acto, quizás quedó peor que el árbol. Llovió antes de que llegue y un rayo quebró aquella rama que cayó sobre el techo de la vivienda.

Sentado al pie del árbol cortado, agotado y respirando el aroma de la lúcuma, aquella tarde en una chacra tarmeña pensó: “Esto lo tengo que escribir”. Y nacieron varios haikus, composición poética muy breve de origen japonés, textos que nacen producto de una circunstancia narrativa, algo que con palabras otorgue algo más allá de las palabras.

Su cabellera

se arrastra en el papel:

crepitan sílabas.

Haiku que se convirtió en el microrrelato “Ella me escribe” que viene en ‘Enciclopedia mínima’, una de las secciones reunidas en Enciclopedias del carnaval (Fondo de Cultura Económica), que además trae otros dos momentos: ‘Enciclopedia plástica’ y ‘Enciclopedia vacía’. Una suerte de antología de la microficción producida por Ricardo Sumalavia (Lima, 1968).

 

 

La escritora argentina Ana María Shua dice en uno de los tres prólogos de esta reunión que no es un libro para entender, ¿cómo entender esa afirmación?

Dentro de algunas escuelas budistas el lenguaje, la articulación, la racionalidad que te organizan las ideas no son suficientes para despertar. Nosotros vivimos dormidos… Hay una mala traducción cuando se dice que tenemos que iluminarnos, lo que debemos hacer es despertar. De hecho, buda significa el despertado… Y el lenguaje no es suficiente. Tiene que haber algo más, porque los seres humanos no somos solo racionalidad. Entonces, tenemos que apelar justamente a ese otro lado no racional. La idea es a través del sistema salir del sistema y que las palabras sean algo más que palabras. Y lo hacemos cuando leemos poesía: no necesariamente entendemos el poema, pero nos ha afectado. Y el microrrelato es un formato híbrido, está en medio de lo narrativo y lo poético, y a mí me gusta moverme en ese intermedio, con textos que pueden ser entendibles, pero también hay otros que se acercan más hacia lo poético, que si no lo entiendes te deja más en lo intuitivo…  

Y lo intuitivo es lo que completamos…  

Exactamente. No somos entes 100% racionales; si disfrutamos de las artes es porque hay esa parte de nosotros que necesita de esa parte no entendible para sentirnos satisfechos.   

Precisamente, hablas de la fragilidad del conocimiento. ¿Cómo explicar esa idea?

Le hemos dado demasiado poder al conocimiento, a lo racional. Momentáneamente, nos ha hecho creer a los seres humanos que podemos resolver todo racionalmente y solo con conocimiento. Pero vemos que no: hay sociedades muy cultas que han propiciado monstruos. Dicen que la literatura sana, pero la literatura también puede enfermar. Y no está mal. El conocimiento es muy importante, es necesario, pero no es todo. Tenemos que ser conscientes de esa fragilidad del conocimiento para avanzar y comprendernos un poco más.

¿Por qué usas el humor?

El humor te desestabiliza. El mejor humor es aquel que, incluso, no estás preparado para recibir. Y la risa también te ayuda a despertar. Esto los budistas lo sabían. Cuando nos reímos, no volvemos al mismo estado.

¿De qué ríes?  

De mí mismo para empezar, porque necesito salir de mí para poder despertar.  

¿Sabemos reír?  

Tenemos que volver a aprender a reír.  

¿Y cómo lo podríamos hacer?  

Con ciertas lecturas y relajarnos, porque cuando uno observa a su alrededor hay circunstancias muy tiernas pero que te vienen con una sonrisa, te puedes reír incluso en una circunstancia trágica.

 

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Ricardo Sumalavia.

 

Otro elemento presente en varios textos es el erotismo, lo sexual. ¿Por qué los usas?

Ese creo que es un lado más oscuro en mí (ríe con tenue timidez). Crezco en Barrios Altos, en el jirón Áncash, frente a la plaza de La Buena Muerte. He vivido en un espacio donde estaba la migración japonesa, el barrio chino, crecí en un edificio que se construyó en los años 50, a los costados había callejones, quintas. Había diferentes capas sociales e históricas, y mi familia es justo esa generación que pasa de obrero a empleado. Yo empecé a desarrollar una suerte de atracción extraña con Lima, no podía comprenderla del todo: tenía la intuición de que habían pasado muchas cosas, pero no conmigo; que hubo una fiesta, pero llegué tarde. Solo quedó el vaho, el olor a alcohol y la fragancia de la fiesta; y toda esa imagen sórdida, oscura, grotesca se va vinculando también con lo femenino, con el erotismo. Y ese erotismo oscuro de la poesía peruana me interesó, de Víctor Humareda… El erotismo podía estar en ese límite entre lo que te atrae y lo que te repele. Es una de las tantas zonas oscuras que tengo, como todo el mundo.  

Las enciclopedias antiguamente eran las fuentes del saber. ¿Hay saberes en esta saga?

No busco conscientemente transmitir conocimiento. De repente, saber en tanto saber de la experiencia cotidiana que te puede ayudar a despertar. No busco la épica en lo que escribo, puede haberla, pero no es que la busque. Son situaciones muy cotidianas, aparentemente intrascendentes, pero donde algo gira, algo motiva y algo perturba a los personajes.

Pienso que “Toques” genera incertidumbre. ¿Cuál fue la pretensión?

Se incluye en la tercera enciclopedia. Y creo que de las tres colecciones, esa es donde posiblemente sí haya una mayor intención de tentar un saber. Corresponde a un periodo en el que tuve muchas pérdidas familiares: muere mi padre, muere una hermana, muere un hermano, muere mi jefe, muere mi brazo derecho en el trabajo. En dos años, cinco personas murieron. ¿Cómo llevar ese duelo? Me ayudó la escritura. No digo que me sanó.

¿Cómo entender a Ricardo Sumalavia con todo su bagaje y presencia no solo literaria sino también académica, y a la vez ir por la vida libre de ese peso intelectual aparente?

Me río de la imagen que tengo: académica, profesor de literatura coreana, con cargos administrativos y escribir estos microrrelatos, escribir (la novela) Croac, por ejemplo. Es como si hubiera necesitado aprender mucho, estudiar mucho para dejar de entender, para dejar de racionalizar. Todo mi proceso es para aprender a ‘desescribir’.

 

Autoficha:

 

-“Soy Ricardo Ernesto Sumalavia Chávez. Tengo 57 años. Nací en Lima. Acabé el colegio y estuve en una academia preuniversitaria porque postulé e ingresé para ser ingeniero mecánico en la Católica. Quería ser profesor de matemática. Hice dos años y me pasé a Literatura”.

-“En el gobierno de Alan García se estaba construyendo la hidroeléctrica de Carhuaquero y me llevaron como practicante prematuramente. Tenía que escribir unos informes semanales y en lugar de hacerlo, empecé a escribir cuentos, fue una pulsión”.

-“Debo haber publicado unos diez u once libros. Actualmente, soy el director del Centro de Estudios Orientales de la Universidad Católica y también el correspondiente de la cátedra Vargas Llosa en la Católica. A la vez, enseño el curso de literatura coreana y también de escritura creativa en la maestría”.

 

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