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ILUSTRADOR Y CERAMISTA

Fernando Arce: "Me interesa la infancia como territorio creativo"

Entre 4,158 participantes de 95 países, el artista arequipeño Fernando Arce fue el único peruano elegido para la exposición de ilustradores de la Feria del Libro Infantil de Bolonia 2026. Perú21 lo entrevistó.

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Fernando Arce.
Fernando Arce fue el único peruano elegido para la exposición de ilustradores de la Feria del Libro Infantil de Bolonia 2026.
Fecha actualización:
09/06/2026 - 09:35
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Para la exposición de ilustradores de Bologna Children’s Book Fair 2026 se inscribieron 4,158 participantes y 20,790 obras provenientes de 95 países. De ese universo, fueron 75 ilustradores los ganadores. Y el arequipeño Fernando Arce, el único peruano.

Su padre, Bernardino Arce, es Amauta de la Artesanía Peruana 2021 por el Ministerio de Cultura. Y su madre es la también artista Yrma Meneses. Ambos desarrollan la cerámica desde el arte y lo utilitario. Pero Fernando, cuyo sobrenombre es ‘Arcilla’, de alguna forma potencia esa herencia familiar.

En la Feria del Libro Infantil de Bolonia 2026 participó con la serie TOY o juguete. Y ganó un premio sobre Pinocho, porque se conmemoró el bicentenario de Carlo Collodi, su creador. A la vez, quedó finalista en la revisión de portafolios.

 

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Fernando Arce.

 

TOY son piezas hasta un poco experimentales. ¿Por qué la elegiste?

Juego mucho con la experimentación de los materiales. Uso la cerámica, la arcilla dentro de la ilustración, pero con otros materiales, como el papel, el recorte, las pinturas. Mi propuesta es que haya un poco de materialidad en el trabajo, que actualmente se está perdiendo con lo digital. En Bolonia algunas personas me decían que TOY era un poco oscura, porque hay un personaje sin cabeza. Pero yo voy a cómo los niños te cuentan a veces sus historias. Los niños también tienen ese toque de oscuridad y absurdo en lo que te van contando.  

¿Eso absurdo y oscuro de los niños los adultos, más bien, lo reprimimos?

Los adultos tenemos esa visión: que es oscuro, pero para los niños no es oscuro, es una historia más.  

¿Los adultos dejamos explorar a los niños?  

Muchas veces subestimamos a los niños. Los adultos a veces queremos darles a los niños las cosas totalmente masticadas, en cuanto a imágenes, colores. Por ejemplo, en eso que un niño debe tener un libro totalmente colorido, pero un libro en blanco y negro también funciona con ellos. Un niño puede estar solo, pero no está solo del todo, tiene la imaginación dentro de él. Y vuela mucho más que cualquier adulto.

 

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¿TOY lo has puesto a prueba con niños?

Con mis sobrinos. Se ríen, juegan, dicen: “¿Por qué la cabeza no puede estar acá?”. El hecho de que utilice también recortes hace que sea un personaje tipo Frankenstein, que se va rearmando, como cuando los niños juegan con bloques y van creando por partes sus esculturas. Lo que utilicé para los recortes fueron ejercicios que yo hacía con mis sobrinos de manchar papeles.

En otra orilla tienes obras, más bien, más amables, que las catalogas como cerámica ilustrada. Y claro, lo haces bajo la influencia de tu familia de ceramistas. ¿Cómo explicar esta otra cara de tu trabajo?

La ilustración depende mucho del proyecto que voy a hacer. A mí me interesa mucho la infancia como territorio creativo, pero me gusta explorar, transformar el material... Sí, tienes razón en eso de que hay cosas muy amables, quizás muy tiernas.  

Tienes personajes que están como pensando. ¿Por qué?

El personaje busca que como adulto o niño te hagas preguntas, que puedas estar pensando...  

A veces creemos que los niños no piensan.  

Los niños son muy capos, piensan mucho más. Los adultos, y me incluyo, muchas veces nos ponemos parámetros cuando hacemos las cosas. El niño no, disfruta mucho, es más libre.

 

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Dices que no querías ser ceramista. ¿En qué momento cambias de opinión?

Antes mi casa era más taller que casa. Y ves el trabajo de tus papás: la rutina, la producción seriada. De adolescente me cansó un poco eso y traté de buscar otras opciones para no ser ceramista. Me puse a estudiar diseño, pero la cerámica tiene mucho de diseño: forma, color, textura, proporción. Y pasaba que yo no tenía dinero para los trabajos de diseño y el material que tenía a la mano era la arcilla y las revistas. Y es por eso que le tengo mucho cariño al collage, porque me salvó de muchas; y a la arcilla, porque comenzaba a generar pequeñas esculturas, les tomaba foto y las presentaba en diseño. Sin darme cuenta, tuve un lenguaje propio. Y de ahí sale mi pseudónimo, que es ‘Arcilla’. Era el chico que trabajaba con arcilla. Y comencé a hacer carteles culturales con la mezcla de la arcilla y el collage.

Pero a la vez tu infancia debe haber sido entretenida: el taller de tus padres seguro fue como un patio de juegos. ¿Por qué te refieres a la infancia como un lugar extraño?

Extraño es crear personajes que quizás no existan, probar muchas posibilidades que quizás yo no veo como adulto. Asumo como un papel, como un desdoblamiento, como si fuera teatro.

¿Por qué hacer historias donde no hay textos?

Son los libros silentes, que no tienen textos. En mi caso, he trabajado en ambos, pero ahora le estoy dando mayor importancia a los libros sin texto. A veces las imágenes son mucho más poderosas, y mis imágenes son más contemplativas.

¿Tus padres qué te dicen de trabajos como TOY?

Terminé diseño, trabajé como diseñador, pero me quedó ese bichito de la cerámica. Acompañé alguna vez a mi papá a una feria en Córdoba, Argentina, y ahí encontré la Escuela de Cerámica en la Universidad Provincial y decidí regresar al año. Estudié Cerámica en Córdoba tres años y abrí un poco más la visión de cómo ver la cerámica y la ilustración.  

¿Pero qué dicen tus padres de trabajos como TOY?

Les parece curioso. Antes, digamos, lo miraban de lejos; ahora como que se acercan más. Vuelven a ser como una especie de niños viendo una imagen.

 

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Fernando Arce.

 

 

AUTOFICHA:

 

-“Soy Arnold Fernando Arce Meneses. Tengo 44 años. Nací en Arequipa. Acabé el colegio, estudié Diseño y de ahí me fui a estudiar Cerámica en Argentina. Pensé quedarme allá, pero vino la pandemia. Mi trabajo lo divido en hacer cerámica para ferias o tiendas y mi obra personal”. 

-“He publicado el libro Entelequia, que lo hice con una amiga poeta, María del Pilar Carreño. De ahí hice un libro propio: Cerrar los ojos y viajar donde nunca estuve, a raíz de que gané un premio en Medellín. Con la Biblioteca Nacional hicimos el libro Cartas para el Perú”.

-“Ahorita estoy trabajando en un libro que se llama El sol de barro, que son también cosas con cerámica. Y estoy alistando uno para un concurso en agosto. En noviembre tengo una exposición en Arequipa, donde hay cerámica, dibujo y texto. Y quisiera regresar a Bolonia con proyectos más concretos”.

 

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