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DOCTORA EN FILOLOGÍA

Ana González: "No puedo usar las redes sociales para informarme, yo seguiría yendo a los periódicos"

Es rectora de la Universidad del Atlántico Medio, de la isla de Gran Canaria, España. Visitó Lima y dio una conferencia en San Marcos. Perú21 entrevistó a Ana González.

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Ana González.
Ana González es rectora de la Universidad del Atlántico Medio, de la isla de Gran Canaria, España. (Fotos: Victor Ch Vargas).
Fecha actualización:
08/06/2026 - 07:00
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Estudió lenguas clásicas: latín, griego y árabe. Luego siguió un doctorado en griego clásico. A continuación, lenguas modernas y neurociencia. En la secundaria los profesores trataron de persuadirla para que sea ingeniera o, dadas sus buenas calificaciones, estudie “algo que tuviera más futuro profesional”.

Ana María González hoy es rectora de la Universidad del Atlántico Medio, en la isla de Gran Canaria, en España.

—Todo lo estudié por mero placer por el conocimiento. No tenía ni idea de lo que iba a hacer. Uno tiene que estudiar lo que le apetece porque en eso realmente va a ser el mejor.  

—¿Volvería a estudiar lo mismo?

—Lo volvería a hacer. Me dio un background cultural y de estructuración —me dice desde su casa en Gran Canaria.  

Semanas atrás, visitó Lima para dar la conferencia “Cuando el algoritmo decide tu realidad. El reto educativo frente a la desinformación digital”, en la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos que cumple 475 años.

 

 

¿Qué impresión le dejó Lima?

Pues te digo la verdad, me enamoré de Lima y quiero volver.  

¿Por qué?

Cuando dije que iba a Perú, todo el mundo me decía, y no te lo tomes a mal por favor: “Es que Lima es muy fea, muy caótica, no te va a gustar”. Es mentira.  

¿Está segura?

¿Has pasado una mañana en Barranco? Qué cosa más bonita. Creo que la gente se queda con el total de una ciudad caótica, pero ir por Barranco es una maravilla, andando por calles llenas de literatura y viendo el mar. Y luego hay otra cosa: que las ciudades también son la gente.

¿Y qué encontró en la gente?

Una conexión muy rápida, muy fácil, muy auténtica. Somos muy similares.

Esta experiencia en Lima, de alguna forma, tiene que ver con el tema del algoritmo. Es decir, lo que vemos en las redes sociales es lo que nos manda el algoritmo según nuestros intereses. Pero cuando profundizas, investigas y conoces, descubres otros universos.

Trabajo en investigaciones sobre cómo funcionan las redes sociales y la polarización. Y, de hecho, lo que dices me parece muy interesante... Cuando no había redes sociales, tú tenías una serie de personas a tu alrededor que te educaban sobre tu concepción del mundo, que eran básicamente tu familia, profesores, escuela y amigos. Y siempre había otras personas que entraban de fuera del entorno, que te iban enseñando otras maneras de vivir y conceptualizaciones del mundo. ¿Cuál es el problema ahora? Si aparte de esas tres horas que yo me paso con mis amigos, las ocho horas que me paso trabajando en la universidad o en el colegio, cuando llego a casa me paso otras cinco enganchada a una red social que aprende un algoritmo de lo que a mí me gusta y que solamente me da lo que a mí me gusta, mi sesgo se va volviendo mucho mayor, mi polarización se va volviendo mucho mayor. ¿Qué pasa con el algoritmo de redes sociales? Aunque tú no des un like, no pongas ningún comentario, la red detecta que tú te quedas unos segundos más en algún tipo de video. ¿Por qué te quedas algunos segundos más? Porque todos tenemos algo que se llama sesgo de confirmación; es decir, cuando escuchamos algo que se alinea con nuestra visión del mundo, nos gusta más; y nuestro cerebro intenta ahorrar energía; cuando escuchas un mensaje que se alinea con tu visión del mundo, te cuesta menos energía. Cuando me das una visión que para mí es nueva o que se enfrenta a lo que yo creo, mi cerebro tiene que trabajar más. Entonces, al final nos estamos retroalimentando en nuestras propias ideas. Algunas con noticias verdaderas, pero claro tampoco te están dando las verdaderas del otro lado, y otras radicalmente falsas.  

¿La clave es dudar y a partir de eso contrastar?

No sé si es dudar de todo, pero sí es buscar tus propios datos. Ahora mismo hay otra corriente: como la gente tiene tanta información, en los colegios y las universidades estás dando clases y te dicen: “¿Y eso cómo lo sabes?”. La figura del que sabía se acabó. Entonces, ha llegado un momento en el que hay una desconfianza hacia el conocimiento, hacia los datos objetivos, hacia la ciencia, y sobre eso no deberíamos dudar.

¿Cómo manejar la desinformación?

Si tú me hubieras preguntado hace veinte años, yo te hubiera dicho que la desinformación se manejaba en ese momento leyendo muchos periódicos diferentes. Pero hoy la gente se informa mucho más a través de redes sociales y ahí es donde entra otra vez el algoritmo que nos hace muy difícil ser capaces de contrarrestar opiniones diferentes o realidades diferentes. El mismo hecho se puede contar desde muchos ángulos. ¿Cómo se puede luchar contra la desinformación? Te digo la verdad, utilizando menos redes sociales. O sea, sabiendo que las redes sociales son para entretenimiento, pero no para información. No puedo utilizar un Instagram o un TikTok para informarme de nada, porque sé que el algoritmo me va a dar lo que yo quiero oír.

¿Y entonces a dónde vamos para informarnos?  

Pues yo seguiría yendo a los periódicos y seguiría leyendo varios periódicos diferentes, sabiendo que cada uno va a tener su sesgo, pero siendo capaz de leer esos enfoques diferentes para, con un espíritu crítico, construir yo mismo lo que está en el medio. El periodismo tiene que seguir haciendo lo que ha hecho siempre: intentar buscar los datos más objetivos posibles, buscando ‘mil fuentes’.

 

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Ana González.

 

¿No hay forma de 'educar’ a nuestro algoritmo?; es decir, seguir distintas alternativas para que nos arroje diversas opciones.

No la hay. Llevo dos años con un experimento e intentando hacer justamente lo que tú me estás preguntando, porque a mí me parece una idea genial también. ¿Y sabes qué pasa? Que el sesgo de confirmación que tenemos, aunque no queramos, lo detecta, es inevitable, así sean milésimas de segundos. Es muy difícil luchar contra el algoritmo.

¿Otro camino sería normar el uso de las redes sociales?

Ya hay países que han prohibido el uso de redes sociales hasta cierta edad. Es una manera de no generar más sesgo en los niños. Pero yo no creo que eso vaya a funcionar. Es intentar ir contracorriente. Realmente lo que tenemos que hacer es educar y explicar a las personas cómo funciona ese algoritmo: y que si tú te quedas en eso, te vas a perder algo alucinante, la capacidad de ver el mundo de una manera completamente diferente.  

¿Y estamos educando?

De momento no. ¿Cómo es posible que tú no te des cuenta de que el objetivo de la red social, como gana dinero, es dejarte ahí el mayor tiempo posible y para que yo te deje ahí, pues, es básicamente dándote lo que tú quieres, que es en lo que tú crees?

¿En casa qué tendríamos que hacer?

El uso es imparable y no se puede prohibir que los niños usen las redes sociales, pero sí creo que el primer desarrollo cognitivo, aproximadamente hasta los 6, 7 años, se debería dar sin uso de redes sociales, lo que no significa sin uso de nuevas tecnologías, pero no daría acceso a internet. A partir de los 7 años si se empieza a dar acceso a internet, tiene que ser un acceso vigilado por los padres, muy reducido en el tiempo; y cuando se dé el acceso a redes sociales, yo lo daría a partir de los 12 años y avisándole primero de cómo funciona la red social.

¿Qué un niño de cinco años use el celular del papá o la mamá para jugar no es nocivo?

Si el mundo que tenemos ahora y el que nos espera es digitalizado, ¿quién se adapta mejor a ese mundo digitalizado? ¿Tú, yo o el niño de 5 años que ya está utilizando la red? ¿Cómo nos relacionamos de preferencia? Nos relacionamos online. ¿Cómo se desarrolla la mayoría de las relaciones, incluso las de pareja, a través de redes? Para todo hay que tener un uso moderado. Pero todos nos hemos acostumbrado a tener un yo virtual y un yo en el mundo real.

¿Y entonces?

Vamos a aceptar que el mundo ha cambiado y que va a seguir cambiando. El uso de la tecnología ese niño lo va a tener toda su vida y de hecho es una habilidad del siglo XXI. Ahora, hay que desarrollar otras habilidades, como pensamiento crítico, empatía y otras. Los padres, los tutores, los profesores están ahí para regular cuánto tiempo pasa el niño en cada una de las actividades que hace.  

Y tal vez impulsar actividades que demanden desplazamiento físico.

Sí. Esos niños (que están conectados a las redes sociales) desarrollan un problema: no son capaces de interactuar de manera presencial. Viven en un mundo virtual y cuando están cara a cara, no se encuentran a gusto. Entonces, tienen un manejo de las emociones y de la interacción bastante más dificultoso que el que teníamos nosotros.

¿La alerta del papa León sobre el eventual peligro de la inteligencia artificial es correcta?

No estoy de acuerdo en absoluto. Con cualquier revolución digital o tecnológica pasa que siempre hay un miedo porque se cree que nos va a suplantar. Cuando se popularizaron las calculadoras, hubo manifestaciones de profesores de matemáticas diciendo que si se usaban las calculadoras íbamos a dejar de ser capaces de hacer cálculos. Cuando salió Google y los buscadores en general, empezaron a decir que ya el colegio no tenía sentido porque toda la información estaba online. Cuando salió Word, que nos corregía los errores de ortografía. Pero todo lo que busca y hace la inteligencia artificial es humano, se alimenta de fuentes humanas. La IA tiene los mismos sesgos que tenemos los humanos. Es una herramienta y nosotros decidimos cómo la utilizamos. Tengo que saber lo que quiero y tengo que saber cómo transformarlo. No es una cuestión de cortar y pegar. Es una cuestión de utilizar datos. La inteligencia artificial es una base de datos humana.  

 

 

Autoficha:

 

-“Soy Ana María González Martín. Tengo 46 años. Nací en Madrid. Me encanta conocer otras culturas y otras formas de pensar. Además de las carreras profesionales que seguí, también estudié francés, italiano, alemán e inglés. Y sigo investigando, que es mi mayor pasión”.

-“Siempre me ha gustado aprender, me ha gustado todo: matemáticas, biología, filosofía. Hay un valor en la cultura en sí misma, sin pensar en un fin material de la cultura. Hay un valor en el aprendizaje, aunque uno no llegue a trabajar en aquello que ha estudiado”.

-“He vivido en Francia, en Italia, en Inglaterra, en Argentina. ¿De qué me valió? De enriquecerme culturalmente. Cuando uno habla otras lenguas y comprende otras formas de vida, se le abre una perspectiva del mundo que también le ayuda a desarrollar tareas de dirección, que es lo que hago ahora mismo”.

 

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