Siempre estuvo en las alturas. Con apenas 9 años, se colgó de un aro y sobre él hizo acrobacias. Dijo: “Quiero esto… Mami, ¿sabes que tengo un número?”. Música de fondo y una rutina bastaron para que su familia aprobara el acto y empiece a trabajar. “Para el piso nunca fui muy buena”, me dice la argentina Luján Gómez.
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Nueve años después, está en el Perú por primera vez. Es parte del Circo Rousell, que va hasta el 16 de agosto en la Explanada Tribuna del Jockey Club del Perú, una experiencia que fusiona circo, música y teatro. Entradas en Teleticket. Luján es acróbata aérea, hace tela en forma de gota.
Lleva un rosario en la mano izquierda. Se lo entregó su padre hace dos años; lo guardó y, cuando vino a Lima, se lo trajo. “Es para sentir a mi familia cerca”, dice. Del lado paterno, ella es la quinta generación dedicada al circo. Él hizo (y hace) de todo: locutor, malabarista, trapecista, payaso, trucos encima de los caballos mientras corren. Del lado materno, ella es la sexta generación. Su madre (retirada de las rutinas circenses, pero no del circo) fue contorsionista y trabajó con el hula-hula. Hoy, Luján también dirige el circo familiar.
¿Cómo es tu día a día?
Además de trabajar aquí, tengo mi circo con mi familia en Argentina. Entonces, es más complicado. Mi circo se llama Burlesk. Están mis papás, mis hermanos, mi tía y mi abuelo.
¿Y por qué no estás en tu circo?
Uno siempre quiere más. Yo quiero conocer. Al salir, ves, conocés, tomás información de cada lugar al que vas yendo. Sirve. Además, quiero que me conozcan como artista y no solo como empresaria.
¿Desde acá estás coordinando el trabajo en tu circo en Argentina?
Me levanto, agarro un rato la compu, me informo de las entradas en la web, le mando a mi mamá para que ellos estén informados, se suben unas cosas a redes y de ahí ya tengo todo el día para estar concentrada en mi trabajo acá.
¿Allá también están en temporada fuerte de circos?
Sí, es ahora, en las vacaciones de invierno.
¿Es la primera vez que sales con otro circo fuera de Argentina?
Es la primera vez que salgo sola.
¿Por qué te animaste a salir a trabajar fuera de tu país, sola y con 18 años?
Es una de las experiencias más lindas que he vivido. Hace falta a veces despegarse un poco de la familia para ver quién sos o qué es lo que te gusta. Mi sueño es trabajar en Europa, pero también salgo por mi circo. Trabajando afuera, donde sea, puedo sacar información para que mi circo mejore.
¿No te da algo de miedo?
Sí, la semana antes de venir para acá le dije a mi mamá “no quiero irme”. Justo pasaba por un momento emocional muy fuerte. Con los días esa sensación se fue bajando y dije: “No, esto es bueno para mí”.
Con 18 años ser directora de tu circo es una gran responsabilidad.
Los chicos que nacimos, nos criamos y vivimos siempre en un circo y entre adultos tenemos otra mentalidad, nos hacen crecer más rápido, nos enseñan a hablar con la gente adulta desde muy chiquitos, a comportarnos, a entender las cosas de otra manera. Yo empecé a trabajar a los 9 años. Y esto no lo veo como un trabajo, ni como una obligación.
Me cuentas que tuviste un problema en la espalda. ¿Eso no te complica para trabajar en las alturas?
Es difícil. Todo 2025 estuve frenada porque tengo muchos problemas en la lumbar: escoliosis lumbar, rectificación lumbar, pinzación lumbar. Son dolores muy feos que con el tiempo uno los va llevando, va aprendiendo qué ejercicio hacer y cuál no. Además, soy hiperlaxa; entonces, es un problema muy grave para mi acto porque me dobló mucho. Mi acto consiste en todo el tiempo estar doblándome y salir muy rápido. También me tuve que operar de la muñeca porque tuve una caída. Me tuvieron que poner un injerto y un perno.
Más allá de lo familiar, ¿por qué te dedicas a este trabajo, donde incluso arriesgas tu vida?
No imagino mi vida si no es en un circo, no me imagino en otro lugar que no sea colgada. Es tan increíble el sentimiento que tengo cada vez que me subo a las alturas... Es inexplicable... No imagino mi vida si no es en un circo. Si puedo estar 24 horas dentro de una carpa, lo estoy. Veo una carpa y me enamoro, me enamora ver shows, me enamora ver producciones. Cuando estás arriba y la gente te aplaude es muy lindo.
¿El circo no pasó de moda?
Y, es complicado. Depende del país en que estés. En Chile la gente ama el circo, en Perú todavía no sé cómo será, pero en Argentina es complicado. Hay chicos de mi edad que no saben lo que es un circo en Argentina.
¿Sueles ir al circo a ver otros espectáculos?
No hay cosa que me guste más que ir a ver shows. Acá en Perú fui a La Tarumba y fue algo mágico. Es un show increíble, me encantó, amé de principio a fin, creo que le dan un toque hermoso al circo. Así como el Circo Rousell y el de Ucrania. Se nota el amor que hay por el circo.
¿Qué distingue al Circo Rousell?
Tenemos una niña de 8 años, una de las personas más increíbles que hay en este mundo. Hay mucha alegría. Hay mucha energía. Te vas a encontrar con artistas de todo el mundo. Hay chicas húngaras, tenemos un venezolano, una chica rusa. Hay muchas energías encontradas y en el escenario se nota la conexión que tenemos.
¿El circo evoluciona?
Totalmente. A mi abuelo de 84 años es muy difícil a veces explicarle todas esas cosas que han cambiado. Por ejemplo, hoy en día en los circos de Argentina no hay locutores, y antiguamente había mucho; también está la vestimenta: antiguamente las mujeres entraban semidesnudas, en bikini, con muy poquita ropa y se veía bien. Hoy en día ya es muy distinto, las mujeres no entran así. Yo intento ser tradicional, de circo antiguo, y a la vez tener algo de la generación actual. El circo evolucionó muchísimo y para mejor.
El tema de los animales también, ¿no?
Aún hay animales en circos de Europa, pero en Latinoamérica creo que ya no.
¿Quién quieres ser cuando seas más grande?
Me veo mucho como mi mamá. Es una empresaria que creció sola, con su circo, con ayuda de algunos amigos. Ojalá ser fuerte como mi madre y poder llevar un circo adelante y ser conocida como una gran artista. Un circo que no tenga que ser el más grande del mundo, pero que esté muy lindo.
Pero hoy ya diriges un circo.
Sí, pero soy la hija del dueño. Tener tu propio circo es muy difícil. Son días sin dormir; días enteros viajando; mi papá y mis hermanos clavando estacas todo un día, apurados para el debut; armar luces. La vida del circo es difícil. No vivimos del aire.
Autoficha:
-“Soy Luján Lucia Luisa Silveira Gómez. Son nombres brasileños porque mi familia también es brasileña. Uso el Gómez como segundo apellido, porque me crie con la familia Gómez, es un nombre muy fuerte en Argentina, mucha historia de circo”.
-“Tengo 18 años. Nací en Buenos Aires. Terminé la secundaria. Quizás algún día estudie algo más, pero que me sirva para el circo. También me gusta viajar y pensar en lugares a los que voy a ir. Mis dos sueños son el circo y conocer lugares hermosos”.
-“Mis papás viajaron por varias partes del mundo. Yo me crie en Australia hasta los 8 años. Hacían circo en Australia. Vivíamos en la carpa. Volvimos a Argentina, pusimos nuestro circo y de ahí no me fui nunca más, hasta ahora que he venido al Perú”.
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