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Édgar Vivar: "No quiero ser un médico mediocre, dije, preferí ser un actor mediocre”

Más de 50 años después de dar vida al Señor Barriga y a Ñoño junto a Chespirito, el actor mexicano vuelve para la temporada de circo con un espectáculo inspirado en El principito.

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Foto: Edgar Vivar
A los 77 años, el actor regresa como parte del Circo de la Chola Chabuca, que en su temporada número 26 presenta un espectáculo inspirado en El principito, uno de sus libros favoritos. (Foto: Difusión)
Fecha actualización:
17/07/2026 - 09:49
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Édgar Vivar está de vuelta en Lima, un año después de su última visita. Apenas pisa el hotel donde nos citaron para la entrevista, la gente se acerca a saludarlo y él responde con una calidez que sorprende en alguien que lleva más de 50 años de fama. Conversar con él es asomarse a uno de los recuerdos más poderosos que muchos guardamos de la infancia, esas tardes de risas en familia frente al televisor viendo El Chavo del Ocho. Por eso quienes lo saludan en el hotel no saludan a un extraño: saludan a alguien que entró a millones de hogares y les regaló alegría.

A los 77 años, el actor regresa como parte del Circo de la Chola Chabuca, que en su temporada número 26 presenta un espectáculo inspirado en El principito, uno de sus libros favoritos. El show se acaba de estrenar en Plaza Norte y las entradas están a la venta en Teleticket. Perú, me cuenta, fue el primer país sudamericano que visitó con el elenco de Chespirito y es el que más ha recorrido de manera personal, desde aquella primera llegada en la que la gente invadió la pista del antiguo aeropuerto Jorge Chávez para recibirlos. 

¿Qué es lo primero que piensa cuando alguien le menciona al Perú?

En la carapulcra (ríe). Siempre lo digo, fue el primer país sudamericano que visitamos, y es el país que más he visitado de manera personal, ya sea con el show o de visita. Conozco casi todo tu país, fuera de venir a Lima y de degustar su comida. Tengo muy buenos amigos aquí. Algunos ya no están, pero siempre me voy con nuevos amigos. 

¿Cómo recibió la propuesta para el nuevo espectáculo? 

El principito es uno de mis libros favoritos de siempre. Saint-Exupéry lo escribió basado en su propia experiencia y es un libro que tiene muchas lecturas, lo puedes ver de una manera muy simple y puedes verlo de una manera muy profunda. Aquí en el circo lo presentamos de una manera asequible para todo el público, pero el mensaje es muy poderoso y muy bonito. Lo esencial es invisible a la vista, solamente con el corazón se aprecia la verdad. 

Leí que usted es médico cirujano y llegó a ejercer dos años. En algún punto decidió ir por el camino del arte.

 
Sí, tuve que tomar esa decisión porque las dos profesiones, la de médico y la de actor, son muy demandantes. Lo más difícil es ser congruente entre lo que dices, lo que piensas y lo que haces. Y no podría estar escatimando el tiempo a una cosa o la otra, sobre todo en el ámbito de la medicina, tienes que ser médico 24 horas por siete días. La actuación para mí era algo accesorio, nunca pensé que fuera a vivir de esto. Pero cuando empezó a tener éxito el programa y empezaron las giras, y estaba yo ya como interno en el hospital, tuve que tomar la decisión de una cosa o la otra. No quiero ser un médico mediocre, dije; preferí ser un actor mediocre (sonríe). 

Es imposible no hablar de lo que significa El Chavo del Ocho para Latinoamérica. ¿Qué cree que tiene el programa que nos sigue generando este vínculo? 

Muy buena pregunta. Pero no lo sé. Podría intentar explicarlo, pero la causa principal no la sé. ¿En qué consiste el encanto? No sé si es el mercado de la nostalgia hoy día. ¿Y cómo explicar que atraviesa generaciones? No sé, me entusiasma, me conmueve, me sorprende. Porque, mira, yo empecé a trabajar con Roberto en 1972. Estamos hablando de más de 50 años. Toda una vida. 

Hay gente que con 15 minutos de fama se marea. Usted ha tenido que lidiar con eso una vida entera. ¿Cómo se maneja? 

Es difícil en el sentido de que el halago te puede llenar la cabeza de humo y entonces despegas del piso y empiezas a ver el universo desde arriba. Eso no es sano, no es bueno. Yo padecí eso. Afortunadamente no fue por mucho tiempo, creo. Yo tengo una familia y tengo un grupo de amigos que me aterrizaron. Quizá lo que la gente admira, lo que la gente busca, es producto de un trabajo, es una imagen nada más. Pero eso no me hace ser ni mejor ni extraordinario. Lo peor que te puede pasar es mirarte a través de los ojos de los demás y tú creerlo. Los pies en la tierra, tú sabes lo que tienes. Sé consciente de tus capacidades y sobre todo de tus limitaciones. 

Sus personajes también les permitieron a algunas personas encontrar una representación en la pantalla. Aunque el humor de entonces se basaba en la diferencia física.

Entiendo por dónde va la pregunta. Mira, los tiempos y las costumbres cambian. Lo que era políticamente correcto antes no lo es ahora, y lo que es políticamente correcto ahora, antes ni soñar. La comicidad se sustentaba en la diferencia física de los personajes, en mi caso porque estaba gordo, con el Profesor Jirafales porque era muy alto, y la Chilindrina en México es un pan dulce que tiene unas manchitas. En aquel allá no era mal visto. Ahora la piel es mucho más delgada. Pero, por otro lado, yo prendo la televisión y ahora escucho palabras que no estaban permitidas en aquel entonces. No me asustan, pero hay cosas que no digo yo en la calle ni en mi casa, y tengo que oírlas en la televisión. Los gustos cambian, es circunstancial y hay que entenderlo. No podemos juzgar a las obras fuera de su contexto. El objetivo era divertir, era hacer reír, nada más.

¿Cómo recuerda el trabajo del día a día con alguien como Chespirito? 

Sobre todo al principio, cuando inicié a trabajar con él, era muy divertido, era muy lúdico, un ambiente de camaradería. Te pongo un ejemplo. En la primera época, todos los trajes que se pintaron, se cortaron, se echaron a perder, eran míos. No había un departamento de vestuario, no había presupuesto para eso. La productora del programa, Carmen Ochoa, que acaba de morir hace poco, me decía, ven, vamos a conversar a mi oficina. Y la oficina era su carro. Los primeros años los guardo como los años dorados.

AUTOFICHA:

“Tengo 77 años. Estudié Medicina por convicción y llegué a ejercer como médico cirujano durante dos años, hasta que el éxito del programa me obligó a elegir. Empecé a trabajar con Roberto Gómez Bolaños en 1972. El Señor Barriga y Ñoño han sido toda una vida”.

“Me encanta aprender. Me gusta leer, tengo predilección por las biografías, como la de Luis Buñuel, porque me interesa saber cómo utilizaron su tiempo para lograr lo que hicieron. Aprendí a hablar portugués a los 66 años y ahora mismo estoy estudiando idiomas”.

“Me encantaría ser Próspero, de La tempestad de Shakespeare, uno de mis autores favoritos. He dirigido teatro, he producido teatro, soy inquieto. Hay muchas cosas que hacer. Mientras Dios me permita seguir respirando y seguir teniendo el cariño de la gente, trataré de seguir haciendo esto”.

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