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Carlos Olivera: "La Tarumba celebra el Perú, es nuestra gran inspiración”

Lleva casi 35 años en La Tarumba y hoy dirige "Airosa", un espectáculo inspirado en las acuarelas de Pancho Fierro. Además, impulsa un laboratorio creativo para profesionalizar a los artistas peruanos.

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La misma vocación que un día lo sacó a él de su barrio, ahora puesta a disposición de toda una escena. Foto: La Tarumba
Fecha actualización:
23/06/2026 - 12:03
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Carlos Olivera tenía once años cuando Fernando Zevallos y Estela Paredes, fundadores de La Tarumba, llegaron a hacer talleres a su barrio de San Martín de Porres. Era finales de los ochenta, un país difícil y con pocas oportunidades, y lo que esos talleres ofrecían a los chicos de la cuadra era, antes que circo, un espacio para sentirse seguros. 

A Olivera lo marcó verlos jugar de igual a igual, con una cercanía que en su barrio era inimaginable. “Yo siempre cuento que fue amor a primera vista”, me dice y agrega: “Quería jugar, quería ser profesor, quería ser un tarumbo”. Era un niño inquieto y enseguida descubrió que era hábil para los malabares y las acrobacias.

Casi 35 años después, ese mismo niño dirige Airosa, el nuevo espectáculo de La Tarumba, inspirado en las acuarelas de Pancho Fierro, donde la zamacueca, las tapadas y el son de los diablos se cruzan con la acrobacia y con los números colectivos que son su gran orgullo. La apuesta de Olivera va más allá de la carpa y de la propia compañía: en un país sin escuelas profesionales de circo, sostiene un laboratorio creativo pensado no solo para los artistas de La Tarumba, sino para que cualquier cirquero peruano tenga dónde formarse. La misma vocación que un día lo sacó a él de su barrio, ahora puesta a disposición de toda una escena. 

Airosa está en cartelera hasta el 13 de septiembre, de miércoles a domingo. En julio, habrá adicionalmente funciones los martes 21 y 28. La carpa de La Tarumba está en el Centro Comercial Cenco Lima Sur, Chorrillos; entradas en Ticketmaster y en la boletería de la carpa. 

Una cosa es entrar al circo jugando y otra descubrir que tienes talento para esto. ¿En qué momento te diste cuenta de que lo tuyo iba en serio? 

No es que a esa edad uno se autoperciba hábil, pero te das cuenta de que puedes jugar igual que el resto, e incluso a veces lograr algunas cosas extras. Algo que te da el circo es que puedes reconocer tus logros, y eso es muy bonito porque va alimentando las ganas. 

En la presentación me llamaron la atención los números colectivos, con mucha gente en escena a la vez. ¿Cómo fue ese proceso de creación? 

Los números colectivos son una de las cosas que me tienen orgulloso y un gran valor de La Tarumba, porque hacerlos es difícil: juntar a tantos artistas en un solo número, en un solo espacio, requiere inversión de tiempo, infraestructura, un montón de cosas. Por eso creamos el laboratorio, un espacio de investigación y de creación, justamente para tener esos resultados: masa de gente bailando, haciendo acrobacias. 

¿Qué fue primero en ‘Airosa’: la idea de trabajar a Pancho Fierro o el laboratorio del que salieron las ideas? 

Trabajar inspirados en la obra de Pancho Fierro viene desde el año pasado. Yo ya sabía que quería usar esos cuadros, esos personajes, esos colores; y cuando conversamos con toda la gente que es parte del espectáculo, los músicos, el equipo creativo, ya teníamos el tema. Eso llega primero. A partir de ahí empezamos con un paseo a la Pinacoteca Municipal para ver el trabajo de Pancho Fierro, y eso lo teníamos que juntar con la técnica que tiene cada artista. Cuando los traemos al laboratorio se van juntando todas las cosas. Entonces, tú haces una acrobacia y el juego es: ¿cómo la haríamos desde un personaje de Pancho Fierro?, ¿cómo subiría una tapada a las telas para hacer una acrobacia?

‘Airosa’ tiene una dramaturgia. ¿Cómo te llevas con eso de teatralizar el circo?

Estamos siendo ambiciosos en tener un guion, un hilo conductor, un personaje que haga todo un viaje y que eso tenga una lectura para el público. Veo el espectáculo y estoy muy contento con lo que resultó, pero debo confesar que no estoy muy a favor de hacer teatro en el circo, porque para mí el circo es la acrobacia, es lo espectacular. Teatralizar el circo no necesariamente me encanta. Lo que sí creo es que el circo abre espacios para crear cuadros, para contar historias a partir del movimiento, de la acrobacia. Y en este espectáculo lo logramos.

Cada año La Tarumba nos regala un pedazo de identidad peruana. ¿Cómo logran eso?

La Tarumba celebra el Perú, la gran inspiración de La Tarumba es el Perú. Siempre se ha pensado al país como protagonista de los espectáculos, y se trata de rescatar su diversidad cultural, ponerla en valor. En este caso estamos trabajando directamente personajes peruanos, danzas, música. En los cuadros costumbristas de Pancho Fierro hay algo muy bonito, que es toda la diversidad del Perú de ese momento: zamacueca, tapadas, son de los diablos, que son muy distintos entre sí y a la vez muy peruanos. En los años noventa casi nadie decía “circo peruano”. Cuando ibas a un circo siempre era el circo ruso, el mexicano, y muchos eran compañías y familias peruanas, pero decir que eras del extranjero tenía un valor extra. 

Me decías que el laboratorio llegó para quedarse. ¿Para quién es exactamente ese espacio?

El laboratorio es un espacio para cirqueros, profesionales y personas en formación. En el Perú no existen escuelas profesionales de circo, así que encontrar espacios de entrenamiento se vuelve una odisea. Dijimos que teníamos que cubrir esa ausencia de alguna manera. Queremos aportar al desarrollo del circo nacional y de los artistas peruanos. 

¿Qué es lo más importante que te ha dado el circo? 

Yo soy una persona muy tímida, y de niño y de adolescente lo reconocía: me costaba mucho enfrentar a la gente. Convertirme en artista tiene que ver con curar algo de eso.

¿Y qué lugar tiene La Tarumba en tu vida?

Me ha dado todo en la vida: una profesión, mi familia, un círculo de amigos, los conocimientos, la posibilidad de recorrer una parte del mundo. 

AUTOFICHA:

“Soy Carlos Olivera Mendoza y tengo 48 años. Terminé el colegio, me sumé al proyecto y me formé en circo y teatro en el camino, sumando talleres e intercambios en una escuela en Río de Janeiro, otra en Argentina y otra en Francia. Mi formación viene de distintas escuelas”. 

“Airosa es un viaje al Perú de antaño hecho desde una carpa de circo. La historia sigue a una joven barrendera que, entre escobas y silencios, descubre su fuerza; es también una manera de reconocer a quienes sostienen la ciudad todos los días sin que nadie los note”.

“Mi sueño es que la presencia de los artistas peruanos crezca, que sea importante afuera. El año pasado hubo festivales hermosos en Lima, pero con muy pocos peruanos en escena, y eso quiero que cambie. El laboratorio de La Tarumba apunta a eso, porque en el Perú no existen escuelas profesionales de circo”.

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