Pasa que cuando estás más quebrada, más en pausa, más sin saber hacia dónde ir, escribir se convierte en una forma de orientación. Antes, en otros tiempos, nos dejábamos notitas escritas con lapicero. Hoy, nos mandamos mensajes de WhatsApp a nosotros mismos. Eso hizo Alessandra Sala cuando atravesaba uno de los momentos más difíciles de su vida.
Hay quienes dicen que sin café les resulta imposible comenzar el día. Perú produce uno de los mejores cafés del mundo, pero aún no siempre lo valora en toda su magnitud.
Fotógrafa en sus inicios, empresaria, madre, dueña de una exitosa cadena de cafeterías de especialidad y mujer en plena reinvención, Alessandra no imaginaba entonces que esos mensajes —tan íntimos, tan urgentes, tan necesarios— terminarían ayudándola a recuperar la calma, el orden y, poco a poco, la sonrisa.
Con el tiempo entendió que esa sensación de estar perdida no era solo suya. En DSala Café —su cadena de cafeterías de especialidad, nominada entre las mejores del mundo— veía llegar a personas que no buscaban únicamente una taza de café. Buscaban conversar, conectar, sentirse vistas, escuchadas, acompañadas.
Así nació un gesto simple, casi silencioso, pero profundamente transformador: imprimir algunas de esas frases y colocarlas al azar junto a cada taza de café. Un pequeño papel doblado, una frase breve, un mensaje que aparecía sin aviso. Hoy, ese impulso íntimo se convirtió en 3:33, su primer libro, editado por Editorial Planeta.
Mientras preparaba 3:33, Alessandra podía estar frente a ti, en la cafetería, tostando café para sus clientes. Silenciosa, observando, cuidando cada detalle del espacio que ha diseñado con un propósito claro: que quien entre se sienta cómodo, contenido, en casa. Nadie imaginaría que ella era la responsable —o la “culpable”— de esas notitas tan precisas, tan compartibles, tan hechas a la medida del azar.
“Cuando me reuní con Planeta por primera vez, tenía muy claro que este debía ser un libro para compartir. Creo profundamente que una sola frase, si llega en el momento justo, puede cambiarte el día y ayudarte a regresar a tu intención y a ti misma. Por eso, desde el inicio, lo pensamos con frases desglosables para que puedan circular y dedicarse”, cuenta.
Las notitas salieron de la cafetería y del WhatsApp. El libro escapó de sus manos con facilidad. Y ella se fue reconstruyendo en el camino.
3:33 no pide ser leído de principio a fin. Es un libro al que se vuelve, una y otra vez. No hay orden ni reglas. Hay palabras que aparecen cuando hacen falta.
¿Cómo das el paso de escribir notitas en la cafetería a convertirlas en un libro?
Fue un proceso muy orgánico. Las frases empezaron siendo algo completamente íntimo, una forma de acompañarme cuando me sentía perdida. Luego, aparecieron en la cafetería, casi sin pensarlo, como un gesto simple: dejar una frase junto a una taza de café. Con el tiempo vi cómo esas palabras tocaban a otras personas, cómo muchos se llevaban el papelito doblado en el bolsillo, cómo volvían para contarme que esa frase les había llegado en el momento justo de sus vidas. Ahí entendí que no eran solamente mías. Por eso, cuando apareció la posibilidad de escribir el libro, lo tuve claro desde el principio: no quería un objeto para guardar, sino algo para compartir. Entonces, el libro nace como una extensión natural de ese ritual cotidiano, de esa necesidad de acompañar sin invadir, de decir “no estás solo” sin explicaciones largas. 3:33 es la misma intención, pero en otro formato.
¿Cuántas frases escribiste?
A la fecha tengo más de 520 frases y sigo escribiendo. Hoy no solamente me escribo a mí, sino también escribo conociendo historias de amigas, de mi familia o de gente cercana.
¿Una realmente puede sanar sola?
Creo que una no solo puede, sino que es responsable de sanar sus heridas… Eso no significa que no puedas tener compañía en el proceso; siempre existen personas clave que llegan en el momento preciso, pero he comprobado que solo nosotros mismos podemos curar lo que nos duele. Todos los días eliges en qué enfocarte: en lo que te falta o en todo lo que ya conseguiste. Ahí empieza realmente la sanación de uno mismo. Romper hábitos y patrones que no te sirven requiere que te elijas y te atrevas a elegir diferente, todos los días.
El inicio de un nuevo año nos suele invitar al cambio. Desde tu experiencia, ¿cómo podemos empezar a curar?
Creo que energéticamente el cambio de año es importante. Saber que un ciclo termina y otro empieza te coloca en un espacio más introspectivo. No sé si lo llamaría volver a empezar, sino cambiar lo que no te ha servido. El año deja lecciones y, de acuerdo con los resultados, eliges seguir igual o hacerlo distinto. En ese sentido, para cambiar hay que estar dispuestos a probar cosas que no estaban en nuestro “plan mental”. Algunas de las elecciones fallarán, pero otras serán grandes sorpresas. La felicidad se siente, no viene en catálogo ni con molde predeterminado.
¿Qué significado tiene para ti la cafetería como espacio de encuentro?
Para mí, el “nos tomamos un café” es un código para decirte que quiero verte, escucharte y compartir contigo. He visto cómo las cafeterías unen personas: algunas llegan juntas, otras se encuentran ahí. A mí me ha regalado amistades que agradezco todos los días. Entonces, hoy creo que las cafeterías son eso: espacios donde te sientes visto, entendido y cuidado. Poder ser ese lugar que acoge y cuida me llena el alma de alegría.
DATO: El libro lo encuentras en las cafeterías DSALA, en Busca Libre y otras librerías.
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