¿Ese 2050 está asegurado? Encaminado en algunos campos sí, pero asegurado, no. Esta semana que pasó, por ejemplo, se han hecho visibles dos de las amenazas más serias para que ello se concrete. Por un lado, el desborde la inseguridad, que se manifiesta en zonas rurales por la actuación de narcos y terroristas y en zonas urbanas por la creciente inseguridad ciudadana. El segundo, la cada vez mayor resistencia a la inversión moderna en industrias extractivas, el motor de nuestro crecimiento, la que puede llegar a hacerla inviable y tener que conformarnos con la informalidad salvaje. En ambos casos, para que no se frustre ese 2050, la respuesta es un Estado presente y competente.