Esta incómoda situación no solo deja mal parada a la ministra Martens, sino que también complica la imagen del presidente Kuczynski, pues queda claro que la participación de este último solo fue un arrebato de espontaneidad y no parte de una estrategia con la finalidad de mitigar los reclamos huelguistas, que, más que magisteriales, ya tenían visos de ser políticos.