"La idea de ser fashion blogger no me parecía mala, pero ahora es insoportable", confiesa Rafael (30). "Conocí a mi enamorada hace un año. Recién se iniciaba en el mundo de los blogs de moda. Ahora es conocida y siento que se ha vuelto muy frívola. No quiero escucharla hablar de zapatos, fiestas y nombres de diseñadores. Que se desvele escribiendo textos para su blog, como si estuviera desarrollando la cura para el ébola, me parece surrealista. Ya no la quiero ni respeto como antes", agrega.