Aunque su origen no es tan claro, es uno, y esto sin chauvinismo, de los mejores cocteles que existen. Es un caballero que transita por las zonas populares con naturalidad. Además, es siempre sincero pues, si es bien preparado (cosa que no es difícil) siempre resaltará la calidad (y, ay, los defectos) del pisco con el que es preparado. Por eso, olvídese de la infamia esa que dice que hay piscos para beber solos y otros para hacer cocteles: el mejor chilcano se hace con el mejor pisco… y nosotros nos damos el lujo de prepararlo con un Don Amadeo, con un Cholo Matías, con un Tres Generaciones y hasta con un Inquebrantable.