Veamos. Sabido es que la excitación masculina se activa de manera sencilla. Basta un estímulo visual para que un varón en la plenitud de sus facultades tenga una erección y, así, esté listo para el acto sexual. En el caso de la mujer, la excitación no es tan fácil, pues requiere de otros estímulos (auditivos, táctiles, intelectuales) para estar a punto. Además, cada estímulo debe recibirse por una intensidad y un tiempo justos para prender la maquinaria sexual. La lubricación vaginal dará luz verde –por lo menos fisiológicamente– a la penetración.