Mientras los ministros de Dina Boluarte y la mismísima presidenta minimizaban el paro de transportes del lunes 6 de octubre ante la grave ola de extorsiones, la ciudad despertaba con la indignación a flor de piel. “¡No nos maten!”, clamaban los choferes desde las calles de San Juan de Lurigancho, Comas, Los Olivos, Villa El Salvador.
Dina Boluarte no imaginó que ese lunes sería el inicio de la semana más crítica de su gobierno. La semana final.
Juan Carlos Portugal, abogado de la mandataria, aseguró que el Congreso no respeta las garantías mínimas del debido proceso de vacancia presidencial.
El lunes se apagaron los motores y se alzaron las voces de quienes se han convertido en el blanco más fácil de la delincuencia: hombres que trabajan bajo amenaza, que pagan por su propia supervivencia, que manejan mirando el retrovisor para confirmar si los siguen.
Así aparecieron numerosos buses de transporte público.
Boluarte salió al frente para recomendar que no se respondan las llamadas extorsivas.
No, no era una broma. Nadie escuchó mal. Boluarte pidió a la ciudadanía que, para evitar casos de extorsión, “no abran ni respondan los mensajes amenazantes que envían los criminales”.
Tú dijisteBoluarte pidió a la ciudadanía que, para evitar casos de extorsión, “no abran ni respondan los mensajes amenazantes que envían los criminales”.
“A la ciudadanía en general: no abran esas llamadas, no abran esos mensajes. Pero lo que sí tienen que hacer es anotar el número que haya ingresado a vuestro celular, contacto que no lo tienen registrado […], no respondan. Pero sí den cuenta a la Policía de aquellos números o WhatsApp, Telegram, Signal o lo que fuera de donde les estén mandando mensajes”, sugirió la jefa de Estado.
Sus palabras desataron la rabia. Sus palabras se transformaron en memes. Para los que han perdido a sus familias en esta ola criminal, todo lo dicho por Boluarte sonaba insensible.
El ministro del Interior, Carlos Malaver, el mismo que ya había dicho barbaridades para intentar minimizar las cifras de extorsiones, se sumaría a su jefa para cuestionar la tecnología y el uso excesivo del teléfono e invocar que no se respondan las llamadas de los criminales. Estas torpres declaraciones casi llevan a que el paro de transportes se extienda por 48 horas.
La medida de fuerza no se levantó. Se suspendió y dando largas, el Gobierno propuso que una mesa técnica aborde el tema la próxima semana.
¡80 CHOFERES ASESINADOS!
Una investigación de Ocurre Ahora, basada en reportes del Observatorio de Criminalística, confirma que el transporte público se ha convertido en uno de los sectores más peligrosos del país. En lo que va del 2025, más de 80 choferes han sido asesinados, la mayoría en ataques perpetrados por sicarios en motocicleta que operan en rutas de alta circulación, especialmente en Lima, Callao, Trujillo y Chiclayo.
Mientras el gobierno se ufanaba de tener 'controlado' el tema con los transportistas, las amenazas contra los choferes seguían reportándose.
Recordemos que el sábado asesinaron a un chofer en San Juan de Miraflores. Y que horas antes del paro, la noche del domingo, balearon a un conductor en San Juan de Lurigancho.
NOS ESTÁN MATANDO
En uno de los años más sangrientos de la última década, cuando la delincuencia ha puesto en jaque a todo el país, el miércoles se reportó otro hecho de sangre. Otra vez, una agrupación musical se convirtió en víctima del crimen organizado. Le tocó a Agua Marina, como antes le había tocado a Armonía 10.
Paul Flores, el vocalista de Armonía 10, perdió la vida en marzo de este año manchado de sangre.
Balas, terror, pánico en Chorrillos
El ataque armado ocurrido el miércoles durante un concierto en una instalación militar de Chorrillos dejó seis personas heridas (cuatro pertenecen a Agua Marina) y decenas de familias huyendo entre gritos y lágrimas. En cuestión de minutos, el símbolo de la alegría popular se transformó en el reflejo más brutal del miedo nacional.
Mientras los noticieros repetían las imágenes del tiroteo y desde las redes la gente exigía respuestas, el Gobierno daba otro golpe de realidad: el techo de una comisaría se desplomaba en un céntrico distrito de la capital. En Surquillo.
Esa coincidencia —una banda tiroteada y una comisaría cayéndose— resumió el estado del país: desprotegido, colapsado, sin liderazgo.
Así estaban las cosas. Así, Dina callada.
La misma presidenta que durante meses aseguró que “le respiraba en la nuca a los delincuentes”, ahora se escondía en el silencio.
Ni una palabra, ni un gesto.
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