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Fuerza Popular frente a Renovación Popular o Juntos por el Perú

La mecánica naranja

En plena batalla por la segunda vuelta, Fuerza Popular tiene estrategias diferenciadas para reinventar al fujimorismo y enfrentar a sus rivales: Rafael López Aliaga o Roberto Sánchez.

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Como la resolución de los votos en el JEE tomará hasta la quincena de mayo, las narrativas políticas ya intentan llenar ese vacío informativo. Después de todo, ya estamos en la segunda vuelta.
Fecha actualización:
19/04/2026 - 07:05
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Como si el proceso electoral no tuviese ya suficientes problemas con su enorme cédula y su absurda lista de candidatos, el pésimo trabajo de la ONPE ha terminado por ensombrecerlo. La negligencia e incompetencia en el manejo logístico del material electoral le han terminado dando la excusa perfecta a la narrativa del fraude. Y esos vicios del proceso ahora se usan como herramienta de presión política por parte de las portátiles de Rafael López Aliaga y Roberto Sánchez, los dos candidatos que están en un empate técnico que se define voto a voto con miras a pasar a la segunda vuelta.

Pero no solo ha sido la demora en el traslado del material. También han sido las fallas en el sistema STAE, la extraña compra de laptops, los problemas con las impresoras y la pérdida de votos que revela que se rompió la cadena de custodia. Y, sobre todo, el viciado concurso público por el que una empresa tres veces penalizada y con una propuesta más onerosa le ganó a otras dos compañías de mayor experiencia. Todo huele a corrupción. A eso se le suma una actitud cerrada, displicente y poco transparente por parte de la propia ONPE, lo que ha sido criticado por la Asociación Civil Transparencia. Una pésima estrategia comunicacional que insiste en socavar aún más la legitimidad del proceso electoral. Y como, además, la resolución de los votos en el JEE tomará hasta la quincena de mayo, las narrativas políticas ya intentan llenar ese vacío informativo. Después de todo, ya estamos en la segunda vuelta.

 

CELESTE AUNQUE LE CUESTE

El piteo electoral ya es parte de la estrategia política. Rafael López Aliaga lo sabe. Y a pesar de que demoró dos días, a causa de una encuesta que lo favorecía, salió a las calles la noche del martes 14 de abril. Está siendo consistente en su rol antiestablishment. Así como vacó a Jerí y rechazó la rama de olivo de Keiko Fujimori en el debate, también ninguneó el ofrecimiento de personeros naranjas. Desde la indignación, López Aliaga se ha posicionado como el antisistema, cuidándose de no recibir el abrazo del oso fujimorista. Ese radicalismo le ha costado votos, pero ha servido para galvanizar a los fieles. Los más racionales migraron a Nieto y los más calculadores ya se acercan a la naranja. Su discurso fraudista, sin embargo, también tiene adeptos. El Perú tiene un pasado histórico de anforazos. Y no pocos candidatos llegaron a la presidencia posicionándose contra los fraudes electorales, sean estos ciertos o no. El caso más notorio fue el de las apretadas elecciones de 1962. Esa protesta —y el mensaje de veto a Haya de los militares— terminó ayudando a Fernando Belaunde a ganar las elecciones de 1963.

A no confundirse: la movilización de hoy domingo 19 de abril será un mitin. En caso de no pasar a la segunda vuelta, es una apuesta a mediano plazo con miras a las próximas elecciones tras un escenario posvacancia. Ya sea por la oposición del Senado o por la de la calle, Renovación Popular podría esperar a que el país se le vaya de las manos al próximo gobierno, ya sea naranja o verde.

 

CERDO A LA NARANJA

La Keiko Fujimori ‘madura’ no quiere salirse del personaje. Pero tampoco quiere estar lejos de la indignación limeña y derechista contra el proceso electoral. Por eso, ofreció personeros, jugando a la vieja escopeta de dos cañones de escuela aprista. La estrategia naranja es esa: si Renovación Popular pasa a la segunda vuelta, ella encarnará a la derecha responsable. Un rol que no pudo interpretar frente a PPK, pero que sí puede funcionar frente a ‘Porky’. Paralelamente, el fujimorismo irá por el ala más racional del voto de la centro y centro izquierda. Y tiene argumentos para hacerlo. A la izquierda popular que la ha olvidado tendrá que recordarle sus comedores populares y su trabajo social en el arenal. Ya no tiene a Absalón Vásquez, que se fue con ‘Porky’, pero tiene a las Marthas exizquierdistas, Chávez y Moyano. Y sobre todo tiene un trabajo de años con las madres de las ollas comunes. Habrá que recordar que fue Alberto Fujimori quien creó el Ministerio de la Mujer y le dio la presidencia del Congreso por primera vez a una mujer, siguiendo la conquista del voto femenino desde la derecha, como herencia del odriísmo. Como ya se ha evidenciado en las encuestas de Ipsos, Keiko Fujimori tiene un voto femenino que pareciera ser ajeno a los encantos de López Aliaga.

 

LA HISTORIA NARANJA

Si Roberto Sánchez pasara a la segunda vuelta, en cambio, la estrategia naranja tendría que lidiar con la esperable polarización. Lima contra las provincias, derecha contra izquierda, fujimorismo vs. antifujimorismo, etcétera. Es el escenario más duro para Keiko Fujimori, porque ya ha perdido así dos veces. Y por mayor diferencia de votos que contra PPK.

Para romper la polarización, el fujimorismo debe desmontar la “teoría de los dos demonios” que la izquierda progresista importó de Argentina y Chile. Una mirada desapasionada tendría que admitir que Sendero Luminoso fue bastante más radical que Montoneros, por ejemplo. Y la dictadura de Alberto Fujimori no es comparable en crueldad con los regímenes de Pinochet y Videla. Y un detalle: Sendero y el MRTA se levantaron contra la democracia más representativa que tuvimos (1980-1992). Luego, vino el golpe y la inmediata captura de Abimael Guzmán. En vez de importar discursos, habría que analizar el caso peruano en toda su singularidad. Y empezar desde allí.

Lamentablemente, el fujimorismo nunca se ha preocupado por instalar su propio relato de la historia. Le ganó la batalla al terrorismo, pero la historia la escribió la izquierda. Tras la caída del régimen, no defendió políticamente sus reformas. No dejó una doctrina o legado ideológico. Maltrataron a intelectuales como Pablo Macera, Martha Hildebrandt y Fernán Altuve. Nunca le dieron importancia a la narrativa histórica ni a la ‘batalla cultural’. Cuando se dieron cuenta del error, ya era demasiado tarde. Ya la CVR, el LUM, Yuyanapaq y la narrativa antifujimorista habían llenado las aulas y la opinión pública. No había que subestimar a la palabra escrita. Después de todo, el antifujimorismo empezó como la gota horadando la piedra desde la prensa escrita, gracias a un puñado de periodistas opositores en 1992. Y ahora todos los tiktokers cacarean una narrativa que jamás leyeron ni vivieron. Todo un triunfo de la palabra escrita en un país que no lee.

Como autocrítica, habría que empezar, por ejemplo, por leer el estupendo libro Tsunami Fujimori (1990) del recientemente fallecido ‘Chema’ Salcedo, a quien no le dedicaron ni un homenaje. Salcedo fue un izquierdista que se convirtió al fujimorismo. Como 'Nano' Guerra García, Fernando Rospigliosi y las tres Marthas naranjas (Hildebrandt, Chávez y Moyano). Y como tantísimos otros exizquierdistas que vieron en el fujimorismo algo que sus propios militantes hoy no logran ver.

 

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