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O’Donnell, Messi y la arrogancia argentina

Mientras en otros países el interlocutor se quedaba callado ante la pregunta "¿sabes con quién estás hablando?", en Argentina se respondía "¿Y a mí, qué me importa?". Esta insumisión puede rastrearse también en la literatura argentina, desde el Martín Fierro hasta Jorge Luis Borges.

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Guillermo O’Donnell acuñó el término “democracia delegativa” para hablar de presidentes que, tras ganar elecciones legítimas, gobernaban sin rendir cuentas a otras instituciones, eliminando los controles y con cierto cesarismo o bonapartismo. Años después, en 2002, Steven Levitsky crearía un término análogo que se aplica al fujimorismo de los 90: autoritarismo competitivo.
Fecha actualización:
19/07/2026 - 07:05
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A horas de la final del Mundial de Fútbol 2026, la selección albiceleste ha despertado las consuetudinarias críticas a la soberbia argentina. Un reclamo que generaliza a jugadores de distintas provincias, sin distinguir al porteño del representante del interior. Y que no advierte que Lionel Messi no es precisamente un jugador chúcaro que trabaje a la boquilla, como sí era el caso de Diego Maradona. 

Sin embargo, la mentada arrogancia tiene una base real que ha sido analizada políticamente. En 1984, el politólogo argentino Guillermo O’Donnell publicó el clásico ensayo "¿Y a mí, qué me importa?" O’Donnell lo escribió como una respuesta directa al trabajo del antropólogo brasileño Roberto DaMatta de 1979, quien había analizado la frase “Você sabe com quem está falando?”, una pregunta retórica que se utilizaba en Brasil para enrostrar la superioridad social del emisor. Una frase que podría traducirse como “¿sabes con quién estás hablando?”. Construcción que se ha utilizado en toda América Latina para subrayar la jerarquía de quien pregunta.

La frase tiene algunas variantes en el milenario Perú, incluyendo la que popularizó un programa humorístico llamado “¿Quién soy yo?... ¡Papá!”, conducido por Adolfo Chuiman en los 80. La cepa local le añade, además, un verbo en modo imperativo: ubícate.

Mientras en otras latitudes el interlocutor se quedaba callado o bajaba la cabeza, en la joven nación argentina se respondía con seguridad y algo de temeridad. Y, como explica el politólogo argentino Bruno Rodríguez, esta insumisión puede rastrearse también en la literatura de su país, desde el valiente Martín Fierro (apoyado por el sargento Cruz) hasta Jorge Luis Borges tomando toda la cultura occidental como patrimonio universal, sin complejos, como ensaya en "El escritor argentino y la tradición" (1951).

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