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El nefasto legado de Evo Morales

"En 2019, habiendo agotado ya la posibilidad de seguir en el poder, pero no estando dispuesto a renunciar a él, convoca a un referéndum para habilitar una cuarta postulación. Evo Morales pierde la consulta".

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El expresidente de Bolivia, Evo Morales.
Fecha actualización:
25/08/2025 - 07:01
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Evo Morales se inició en política como activista cocalero en Cochabamba. Su habilidad sindical lo llevó a ser elegido en 1997 diputado por el MAS. En 2002, postula a la presidencia de la República y pierde frente a Gonzalo Sánchez de Lozada. En ese momento, se dedica a hacer ingobernable el país, dirigiendo paros y bloqueos que desembocaron en la renuncia del presidente en octubre de 2003. Tras el gobierno interino de Carlos Meza, Evo Morales gana las elecciones democráticamente en 2005 para un único periodo de cinco años.

Siguiendo el manual de autócratas de izquierda y derecha, convoca a una Asamblea Constituyente, refunda el país en Estado Plurinacional e incorpora la reelección presidencial. En 2009, es reelegido y en 2014 es elegido presidente por tercera vez consecutiva.

En 2019, habiendo agotado ya la posibilidad de seguir en el poder, pero no estando dispuesto a renunciar a él, convoca a un referéndum para habilitar una cuarta postulación. Evo Morales pierde la consulta.

Desoyendo el resultado del referéndum vinculante, Morales ordena a un lacayo Tribunal Constitucional, prevaricador y genuflexo que, valiéndose de estrambóticas contorsiones jurídicas, habilite su postulación. Así, se reelige, pero el repudio popular lo obliga a renunciar y huir a México.

En su gobierno, Morales impuso un programa económico basado en la nacionalización de los hidrocarburos, endeudamiento del sector público, creación de empresas estatales, control de precios y control del tipo de cambio.

La captura de la renta gasífera dotó al Estado boliviano de recursos, y los sistemas de control de precios y tipo de cambio sirvieron para controlar la inflación. El endeudamiento externo sirvió para pagar las onerosas nacionalizaciones y financiar proyectos de infraestructura. Esto generó una sensación de progreso y bienestar, que reditó altos niveles de aprobación para Morales y su modelo económico hasta que la fiesta se acabó y hubo que pagar la cuenta populista.

Para aprovechar los buenos precios del gas, se produjo una agresiva explotación de las reservas, al tiempo que la exploración para reponer reservas no recibía inversión y los éxitos obtenidos eran pobres.

La nacionalización de los hidrocarburos eliminó todo incentivo para explorar por nuevos yacimientos. Así, las reservas probadas de gas se fueron consumiendo. En cuanto a la producción, esta cayó de 60 millones de metros cúbicos en 2015 a 32 millones en 2023.

El déficit fiscal boliviano (10% PBI en los dos últimos años); el incremento de la deuda pública a 83% del PBI; la pulverización de las reservas internacionales y un insostenible tipo de cambio fijo han empobrecido dramáticamente a un país cuyo PBI per cápita es la mitad que el del Perú.

Así terminó un experimento populista y demagógico, que en el camino destruyó una pujante industria gasífera, espantó la posibilidad de convocar importantes niveles de inversión y endeudó a las futuras generaciones hasta el pescuezo.

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