Dante Grados es bordador. Y fabricante de presidentes también. Como lo fue su padre, quien le enseñó el oficio mucho antes de enseñarle que aquello sería historia. Desde el pequeño taller familiar, a pocos metros de Palacio de Gobierno, se cose el poder: la banda presidencial. Hace unos días terminó de bordar la que lucirá Keiko Fujimori este 28 de julio. Ese martes, cuando la presidenta electa tenga la banda sobre el pecho, Dante sabrá, entonces, que con sus manos fabricó un nuevo jefe de Estado. Porque el poder, el verdadero poder presidencial —sabe, pero no lo dice— empieza con la banda.
Estudio realizado a nivel nacional revela que un 42% de peruanos cree que al concluir su mandato el país estará mejor.
Así ha sido desde que su padre, César Grados, allá por 1950, participó en la confección de la insignia de mando para Manuel Odría. Dante cuenta que el electo presidente, por su condición de militar, ordenó que se bordaran hojas de roble a lo largo de toda la banda.
El trabajo dejó satisfecho a Odría y desde entonces, hace ya más de siete décadas, don César hubo de confeccionar la banda de 11 presidentes consecutivamente (*) hasta Pedro Pablo Kuczynski, cuya banda no pudo bordar, pues lo sorprendió la muerte.
Dante, pues, se hizo cargo del trabajo, y en los últimos diez años, por la extensa crisis política que vivió el país, ha elaborado ya siete de estas, algunas en apenas un par de días. “La gente me dice que pronto igualaré a mi papá. Espero que no; a mí me interesa más que a los presidentes les vaya bien y cumplan su mandato”, confiesa.
LLEGÓ LA BANDA
La banda que investirá a Keiko Fujimori este martes 28 no ha demandado más de 15 días de trabajo, según este psicólogo que cambió el consultorio por el taller. A sus oídos llegó el rumor de que la insignia de mando de la próxima mandataria se elaboraría con base en la que usó su padre, Alberto Fujimori, pero ello iba a implicar un trabajo casi imposible de cumplir, pues en aquellos tiempos la banda tenía el escudo bordado a la altura del muslo y no del pecho, como luce hoy.
Todo cambiaría en julio de 2006, cuando Alan García, ya proclamado presidente por segunda vez, convocó a su oficina a don César Grados. Cuenta el patriarca del negocio que esa mañana el aprista de casi dos metros de altura le ordenó dos cosas: que bordara el escudo ya en el pecho y que se subiera a un banquito para que le haga las medidas sin problemas.
La banda presidencial que cruza el cuerpo de los mandatarios desde el hombro izquierdo hasta el muslo derecho es elaborada con satén de seda en los colores patrios y una borla bordada con hilos metálicos bañados en oro. El largo de la banda tiene 2.20 metros, que puede ser ajustada dependiendo de la estatura del presidente.
Fujimori lucirá este martes en el Congreso una banda similar a las que han utilizado los últimos cuatro mandatarios. Desde 2021, y tras décadas de lucir el escudo de armas con palmas y laureles, la insignia presidencial recuperó el escudo nacional con pabellones a los lados, una modificación impulsada por asociaciones civiles que defendían el uso correcto de los símbolos patrios.
Ese año, Grados fue citado por Pedro Castillo, ganador de aquellas elecciones, para que le hiciera las medidas y confeccionara la insignia de mando que estaba de vuelta. Al llegar al predio, muy temprano, fue abordado por decenas de periodistas que imaginaron que se trataba, tal vez, de un futuro ministro. “Solo vine a medirle la banda”, respondió Grados, a escasos pasos de la famosa casa de Sarratea, en Breña, ese otro taller donde empezó a fabricarse la corrupción de ese gobierno.
El artesano reveló que, aunque no sabe por qué, la expresidenta Dina Boluarte utilizó alguna vez, también, la banda con el escudo de armas.
LE FALLÓ EL OJO
Y si bien sus bandas presidenciales han vivido en Palacio de Gobierno desde el siglo pasado, Dante apenas ingresó una vez a la Casa de Pizarro y solo para hacerle las medidas de la banda a Kuczynski. PPK y Castillo son los dos únicos presidentes a los que ha podido estrechar la mano. Hubiera querido hacerlo también con Francisco Sagasti. Al expresidente le confeccionó una banda algo larga que lució el día de su juramentación. Al ver las imágenes en la televisión, advirtió que el ojo le había llegado y el distintivo le llegaba por debajo de la rodilla.
“Ese día me asusté; me llamaron de Palacio y me pidieron que le ajustara la banda porque el 29 tenía una actividad oficial. Les pedí que la llevaran al taller”, recuerda Grados. Felizmente, los últimos precoces mandatos le enseñaron a tener una o dos bandas listas ante cualquier emergencia, por lo que tomó una y la adaptó para Sagasti. En su taller conserva la que le devolvieron desde Palacio.
Mientras, su familia continúa bordando banderas blanquirrojas, mantos para vírgenes católicas, sombreros de obispos y vestimentas de sacerdotes, y en unos meses tendrá más trabajo: habrá que confeccionar las bandas de los próximos alcaldes y gobernadores regionales.
Lo cierto es que, si algo ha aprendido en siete décadas de tradición familiar, es que en el Perú siempre habrá otro presidente. Y, tarde o temprano, otra banda que bordar.
(*) Entre 1968 y 1980 los Grados no confeccionaron ninguna banda presidencial. Durante ese periodo se impuso en el país la dictadura militar, primero con Juan Velasco Alvarado y después con Francisco Morales Bermúdez.