Noruega fue uno de los referentes declarados del excandidato presidencial Alfonso López-Chau. El hoy senador propuso en campaña la creación de un fondo soberano de riqueza. Una idea interesante que copia el modelo noruego. Sin embargo, su error fue sugerir que ese fondo podía financiarse con parte de las reservas internacionales del BCR.
La izquierda peruana suele repetir ese error: querer copiar el Estado de bienestar de los países nórdicos, pero no buscar replicar las políticas proinversión privada que lo hacen posible. Quieren repetir la agenda redistributiva de las naciones escandinavas, pero no la estrategia liberal que crea riqueza, el requisito indispensable para luego implementar programas sociales y desarrollar los servicios públicos en temas de educación y salud. Y en este caso, el orden de los factores sí altera el producto.
Noruega no es un referente socialista. Su gran Estado benefactor, con altos impuestos y fuerte gasto público, se sostiene sobre la base de una de las economías más libres del mundo. Noruega mantiene estabilidad monetaria sin intervencionismo gubernamental. No hay expropiaciones, ni barreras de entrada, ni planificación estatal. Además, contra todo pronóstico, la inversión pública como porcentaje de la inversión total solo ocupa el 21%. Hay una altísima independencia judicial, una férrea protección a la propiedad privada y una sólida estabilidad en los contratos. La inflación es baja, los aranceles son mínimos, hay una gran apertura al comercio internacional, se fomenta fuertemente la inversión extranjera y se promueve la alta productividad y competitividad. Todo lo contrario a lo que promueve la izquierda peruana.