Al cierre de edición, la marcha fraudista de JPP (Juntos por el Perú) va a coincidir en hora y lugar con la Marcha del Orgullo. Una evidente estrategia de Roberto Sánchez para suavizar su imagen, reconquistar el apoyo caviar y ganar una foto multitudinaria.
Ya se sabe: en política no hay coincidencias. Justo cuando Antauro Humala toma distancia de la derrota electoral, Sánchez sale a decir que “el pueblo es diverso y democrático”. Una jugada desesperada que trata de recuperar al antifujimorismo limeño más progresista, ese que simpatiza con las causas de la comunidad gay. Una estrategia que intenta hacer olvidar que, durante toda su campaña, JPP arrió las banderas del arcoíris y escondió su agenda gay en el clóset. No solo eso. Sánchez dejó de ser el promotor del matrimonio igualitario de 2023 para pasar a ser el socio de Antauro Humala, el asesino de policías que critica a los “mariconcitos” de Venceremos.
Tras el triunfo del conservador Pedro Castillo, la izquierda volvió a sus orígenes materialistas. O quizás solo se sinceró y mostró su verdadera cara comunista y autoritaria. Castillo rasgó el velo posmoderno de la izquierda caviar. Esa dosis de cinismo filosubversivo en plena crisis pospandémica dejó atrás la agenda feminista, gay y ecológica. Con el oro a US$4 mil la onza, la izquierda cambió su discurso ambientalista por la pujante “minería artesanal”. Atrás quedaron los temas de género, la agenda verde y la despenalización del aborto. Por eso, el radical marxista Ronald Atencio le ganó las primarias al académico identitario aimara Vicente Alanoca. Y las feministas zurdas tuvieron que subirse al carro del machista Bermejo y olvidarse de sus “pelotudeces democráticas”. Los marxistas cambiaron sus impopulares principios progresistas por otros. Cambiaron a Karl por Groucho.