Con el retorno de la bicameralidad, las decisiones más importantes del país ya no dependerán de una sola votación ni de una sola cámara. Aprobar una ley, censurar a un ministro, otorgar el voto de confianza a un gabinete, designar a los miembros del Tribunal Constitucional o declarar la vacancia presidencial requerirá pasar por nuevos procedimientos y, sobre todo, por la construcción de acuerdos políticos.
Los números surgidos de las urnas muestran que ninguna bancada alcanza por sí sola la mayoría absoluta en ninguna de las dos cámaras. Incluso Fuerza Popular, la agrupación con mayor representación, tendría 41 diputados y 22 senadores, lejos de los 66 y 31 votos necesarios para controlar en solitario las decisiones más relevantes. En el nuevo Congreso, las alianzas dejarán de ser una opción para convertirse en una necesidad.
BUSCAR CONSENSOS
En esa línea, la abogada constitucionalista Milagros Campos declaró a Perú21 que la ausencia de una mayoría parlamentaria clara obligará a los partidos a construir acuerdos de manera permanente. “La política, a fin de cuentas, es eso: buscar consensos”, sostuvo.
Sin embargo, advirtió que esos acuerdos deben girar alrededor de una agenda concreta de políticas públicas. “Tenemos que retomar lo que supone una política de políticas públicas para volver a temas como salud, educación y conectividad. Creo que esos son temas esenciales y esa agenda la debe poner el Ejecutivo”, señaló.
Campos consideró que la bicameralidad también transformará la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo, pero además abrirá una dinámica inédita entre ambas cámaras.
Explicó que, dado que los senadores no cuentan con iniciativa legislativa, será indispensable una coordinación constante con los diputados de sus propias agrupaciones para impulsar proyectos de ley que posteriormente deben ser aprobados por el Senado. “Allí se abre un espacio muy importante para la coordinación entre las bancadas de un mismo partido, a pesar de que el diseño institucional no contempla mecanismos formales de coordinación entre ambas cámaras”, afirmó.
En ese contexto, estimó que el nuevo esquema podría contribuir a recomponer una dinámica política que se ha debilitado en los últimos años. “Las relaciones entre Ejecutivo y Legislativo son de control, pero también de colaboración. Vamos a retomar algo que en el último periodo se ha perdido: una bancada de gobierno y una bancada de oposición. Y habrá otras que serán bancadas bisagra sobre las cuales el gobierno y la oposición tendrán que negociar”, manifestó.
Respecto a cuál de las dos cámaras tendrá mayor peso político, señaló que la respuesta depende de la función que se analice. “En materia legislativa, el Senado tiene un rol fundamental porque es el que define el contenido de la ley. Eso es muy claro. Sin embargo, la interpelación, el debate sobre la política general del gobierno y la propia censura ministerial se van a dar en la Cámara de Diputados”, explicó.
Hoy los peruanos elegiremos al próximo presidente de la República, pero el nuevo mandatario no partirá de una hoja en blanco. Ya tiene al frente un Congreso bicameral definido en las urnas y sin mayorías absolutas. La principal tarea de quien llegue a Palacio de Gobierno no será únicamente gobernar, sino forjar los acuerdos necesarios para hacerlo.
Con dos cámaras, nuevas reglas y bancadas obligadas a entenderse entre sí, la gobernabilidad dependerá menos de la confrontación y más de la capacidad de negociación. Esa será una de las grandes diferencias del nuevo escenario político que se inaugurará el 28 de julio de 2026.