La historia de Keillys Aguilera parece salida de una pesadilla, pero ocurrió en plena Lima. Entre sollozos y con la mirada perdida, confesó ante los agentes de la División de Investigación de Homicidios que, tras asesinar a su esposo, lo bañó, limpió y convivió durante días con el cadáver antes de esconderlo a una maletera de un auto, en el distrito de Breña.
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Según el testimonio de la venezolana, el crimen no fue un acto impulsivo. Había un plan, una idea largamente madurada y compartida con su cuñada, Katherine Bello, quien también cargaba con una historia de violencia
Ambas mujeres compartían el mismo dolor, el mismo resentimiento y el mismo deseo de terminar con la vida de los hombres que las maltrataban: los hermanos Alexander y Romel Valverde Laines.
El caso, que ha conmocionado a la opinión pública, revela un trasfondo de abuso, manipulación y desesperación. Keillys relató que su esposo no solo la agredía física y psicológicamente, sino que también la obligada a prostituirse, convirtiéndola en víctima de explotación sexual dentro de su propio hogar. "Me convirtió en un objeto, en una mercancía", habría dicho durante su declaración.
La noche del 21 de septiembre, ambas mujeres decidieron ejecutar su macabro plan. Según las investigaciones policiales, primero atacaron a Alexander Valverde, el esposo de Keillys. Lo golpearon y luego lo estrangularon hasta quitarle la vida. Pese su propósito, no se detuvo allí: aquella misma noche pretendían asesinar también al esposo de Katherine Bello.
Sin embargo, el segundo crimen no llegó a concretarse. El hombre despertó y logró frustrar parte del plan. Keillys nerviosa, regresó a su habitación y pasó la noche con el cuerpo sin vida de su esposo, a que trató de limpiar y bañar en un intento por ocultar la evidencia.
Durante varios días, mantuvo el cadáver en casa, hasta que finalmente lo trasladó y escondió en la maletera de un vehículo estacionado en Breña.
Los agentes de la Policía Nacional hallaron el cuerpo tras recibir una denuncia por el fuerte olor que emanaba del auto. En cuestión de horas, las sospechas recayeron sobre Keillys y su cuñada, quienes terminaron confesando la escalofriante verdad.
Ambas mujeres fueron detenidas y actualmente se encuentran bajo prisión preventiva, mientras el Ministerio Público avanza con las diligencias. Las autoridades han calificado el caso como un doble intento de homicidio agravado con premeditación y alevosía.
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