PUBLICIDAD
Un cusqueño en la NASA

Fernando Figueroa: "El Perú tiene talento, pero no crea las condiciones para aprovecharlo”

Tras el hito de Artemis II, el ingeniero cusqueño que trabajó dos décadas en la NASA habla del futuro científico del Perú.

Imagen
figueroa
"El Cusco tiene un potencial enorme, pero muchas veces desaprovechado2, reflexiona Fernando Figueroa. "El turismo es una base importante, pero no debería ser lo único. Hay recursos y oportunidades en otros sectores".
Fecha actualización:
27/04/2026 - 06:54
Escucha esta nota

Desde su natal Paucartambo, ofrece una mirada desde dentro sobre los avances tecnológicos, los desafíos del sector y las lecciones que un país como el Perú aún tiene pendientes de aprender.

 

Acaba de cerrar más de dos décadas en la NASA.

Empecé en la academia. Yo era profesor de Ingeniería Mecánica en Estados Unidos. En ese contexto postulé a un programa de la NASA para docentes universitarios, una especie de fellowship de verano. Fui al centro Johnson, en Houston, y trabajé en temas de salud de astronautas, específicamente en la pérdida de densidad ósea en microgravedad. Esa experiencia me permitió volver varias veces. Y cuando apareció una posición en otro centro, en Stennis, postulé y me quedé. Fue en el año 2000.

 

¿Cómo describiría su carrera en la NASA?

La NASA tiene distintos caminos. Hay quienes se orientan a la gestión de proyectos y otros, como fue mi caso, a la tecnología. Yo venía de la investigación académica. Me enfoqué en sistemas inteligentes, sistemas autónomos, en cómo hacer que las máquinas puedan operar con cierto nivel de razonamiento. Eso implicaba no solo participar en proyectos, sino también proponerlos, conseguir financiamiento y formar equipos; muy parecido a lo que hace un investigador en una universidad.

 

¿Qué significa que un sistema sea autónomo?

Hoy se habla mucho de inteligencia artificial, pero hay distintos enfoques. Muchos sistemas se basan en redes neuronales que aprenden de datos, pero no necesariamente son predecibles. En la NASA eso no es suficiente. Se necesitan sistemas determinísticos, que funcionen con un margen mínimo de error. Entonces, lo que hicimos fue incorporar conceptos del pensamiento humano —cómo se razona, cómo se toman decisiones— en sistemas que puedan operar de manera autónoma, pero con alta confiabilidad.

 

¿Dónde se aplica ese tipo de tecnología?

Desarrollé una plataforma llamada NPAS, que es la base para sistemas autónomos dentro de la NASA. Se ha aplicado en la cápsula Orión y en la estación Gateway, que va a orbitar la Luna. Un caso concreto es el abastecimiento autónomo de combustible en esa estación, que implica coordinar distintos módulos sin intervención humana directa. La clave fue no quedarme en lo teórico, sino llevar la tecnología a sistemas reales.

 

Mencionó una experiencia vinculada al cine.

Sí, fue una coincidencia curiosa. Durante una de estas estancias en Houston, cuando aún trabajaba como profesor, participé en un vuelo de cero gravedad. En ese vuelo estaban los actores que se preparaban para la filmación de Apolo 13, entre ellos Tom Hanks. Estaban entrenando para sentir lo que es la ingravidez. Fue una experiencia muy interesante porque uno estaba allí por razones técnicas, científicas, y de pronto coincidía con un equipo de Hollywood tratando de representar lo mismo desde otro ángulo.

 

Ha estado vinculado a proyectos como Artemis.

Es un proyecto muy complejo y, al mismo tiempo, muy emocionante. Lo interesante es que combina tecnología de punta con una lógica de largo plazo. La NASA trabaja con altísimos estándares de seguridad, lo que hace que la adopción de nuevas tecnologías sea gradual. Pero aun así, el nivel de complejidad es enorme. Siempre hay riesgo cuando se trabaja en el espacio.

 

¿Cómo percibe el ritmo del avance tecnológico?

Sí se siente una aceleración muy fuerte, sobre todo en comunicación y procesamiento de información. Hoy tenemos sistemas que interactúan en tiempo real, que acceden a enormes volúmenes de datos. Eso es una base clave para los sistemas autónomos. Lo que aún estamos viendo es cómo se integran en sistemas más complejos.

 

¿Qué encuentra en Perú?

Encuentro talento. Eso es lo primero. Hay buena formación en muchas áreas, especialmente en ingeniería. Pero también hay un déficit en inversión tecnológica. No tenemos una estrategia sostenida en ciencia y tecnología, y eso limita el desarrollo. Hay sectores, como software o computación, donde se podría avanzar más rápido porque no requieren grandes infraestructuras, pero se necesita decisión.

 

¿Es un problema de recursos o de enfoque?

Es enfoque. Siempre se va a necesitar inversión, pero también se necesita crear condiciones. Si no hay incentivos para generar capital, no hay desarrollo industrial. Y, sin eso, no hay progreso sostenido. Es una cadena.

 

Usted viene del Cusco. ¿Cómo ve la región hoy?

El Cusco tiene un potencial enorme, pero muchas veces desaprovechado. El turismo es una base importante, pero no debería ser lo único. Hay recursos y oportunidades en otros sectores. El problema es que el debate se vuelve ideológico y no práctico. Hay que enfocarse en qué funciona para mejorar la vida.

 

¿Esa división que se habla entre “dos Perús” es real?

Es real, pero también es engañosa, porque al final el desarrollo requiere condiciones claras: inversión, incentivos, creación de capital. Si no se generan esas condiciones, no hay progreso. No es un tema de discursos, es un tema de cómo se construye una economía que funcione.

 

¿Qué le interesa hacer?

Me interesa enseñar, compartir lo aprendido. Es importante formar gente si queremos que el país dé un salto tecnológico.

Si tuviera que resumir el problema del Perú…

Que tiene talento, pero no crea las condiciones para aprovecharlo.

 

AUTOFICHA

“Viví en Paucartambo hasta terminar la primaria y luego me fui al Cusco para estudiar en el glorioso Colegio Nacional de Ciencias, que marcó mucho mi formación. De ahí di el salto a Estados Unidos para estudiar Ingeniería, y ese camino me llevó, paso a paso, hasta la NASA”.

“Trabajar en la NASA te enseña que los grandes avances no son producto del azar. Son el resultado de planificación, método y decisiones consistentes en el tiempo. Esa es una lección que cualquier país que quiera progresar debería entender y aplicar sin excusas”.

“La tecnología no es solo innovación, es también una forma de organizar el pensamiento. Si no desarrollamos la capacidad de pensar sistemáticamente, de resolver problemas complejos, es muy difícil que podamos dar el salto hacia una economía más sofisticada y verdaderamente competitiva”.

 

 

 

TAGS RELACIONADOS
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD