A casi 150 kilómetros de Pucallpa, se encuentran las Aguas Calientes Maquía, el paraíso de la biodiversidad que necesita con urgencia ser protegido por el Estado.
En una quebrada nace el ‘río hirviente’ que se prolonga por cinco kilómetros. La temperatura sobrepasa los 80 grados en algunas zonas y en otras se entibia al juntarse con corrientes de agua fría. Algunos lo visitan por sus propiedades curativas para enfermedades como artrosis. El vapor se mezcla con el verde del paisaje formando una postal única.
LA RUTA AL PARAÍSO
Este jacuzzi natural pertenece a Contamana, en la región Loreto, aunque la forma más fácil de llegar es partiendo desde Pucalla (Ucayali).
Tras un entretenido viaje de 7 horas en lancha rápida surcando el río, en el que podrá ver delfines rosados jugando, un sinfín de aves y mucha flora, llega a la ‘Perla del Ucayali’.
Muy temprano, debe abordar un vehículo que en 40 minutos lo dejará en la entrada, camina por un par de horas y llegará a este paraje de ensueño. Lo recibirán familias de monos saltando por los árboles, el canto de las aves y la vista se recrea con la infinidad de insectos, cascadas y cataratas.
De acuerdo con la Gerencia Regional del Ambiente de Loreto, solo en este lugar hay 19 especies de peces, 68 de anfibios, 41 de reptiles, de los cuales 5 están amenazados.
Los amantes de las aves podrán apreciar 259 tipos, de los cuales 8 están en riesgo. Hay 75 especies de mamíferos, entre los que destacan los populares capibaras. Unas 26 están en peligro. Y hay 517 plantas diversas. Es decir, Maquía tiene gran potencial para la recreación, educación e investigación.
Sobre todo, podría generar alternativas económicas sostenibles en beneficio de las poblaciones cercanas. Según datos de la comuna, anualmente, el ingreso anual de estos ciudadanos a duras penas llega a 10 mil soles, por lo que muchos se ven tentados a cultivar coca.
A pesar de tener características únicas, como el río de agua caliente, similar a lo que se ve en el Parque Nacional Yellowstone (EE.UU), y una impresionante collpa de guacamayos, el turismo es casi nulo. A la semana solo llegan unas 50 personas, todas residentes de Contamana. Al año, apenas 500 turistas nacionales y 300 extranjeros.
EL PULMÓN DEL MUNDO A PUNTO DE COLAPSAR
Quienes sí se acercan más a este edén natural son el narcotráfico, la tala descontrolada y la minería ilegal. Es por ello que urge que el Ejecutivo lo declare como Área de Conservación Regional (ACR). Esto es algo que se viene persiguiendo desde 2013, según el alcalde de Contamana, Rodolfo Lovo, quien agregó que en la provincia se ha deforestado más de 40 mil hectáreas por la falta de control del Ejecutivo.
“Pido que se pongan la camiseta de los pueblos amazónicos, solo así sobrevivirá el pulmón del mundo”, agregó el alcalde Lobo.
Rafael Pino, jefe de la reserva (Sernanp), indicó que la tala indiscriminada ha puesto en grave riesgo a la caoba. “Si no hacemos nada, tendremos la expansión de los cultivos de coca y la minería ilegal. El río Ucayali ya está contaminado con mercurio en la parte sur, pero con la ACR, el pueblo tendrá agua de calidad y sería uno de los principales destinos turísticos del país”, refirió.
Hace dos semanas, el Ministerio del Ambiente publicó el proyecto de Decreto Supremo para conservar esta zona, pero aún está en evaluación del Ejecutivo, sin una fecha definida para su aprobación final.
¿Cómo es la vida a orillas del río Ucayali?
Hay dos formas de llegar a Contama saliendo de Pucallpa. La primera es en avioneta, cuyo costo bordea los 500 soles.
La más común es a través del río. La lancha rápida cuesta 90 soles y demora entre 7 y 8 horas y sale en las mañanas y en las noches. El barco de carga, que también lleva pasajeros, cuesta mucho menos, pero demora 24 horas. Ahí no hay camas, solo hamacas.
Algunos turistas extranjeros llegan ansiosos de probar la experiencia del ayahuasca. Se quedan en poblaciones cercanas donde hay especies de albergues con chamanes que ofrecen paquetes de varios días. Evidentemente, en estos lugares, las condiciones no son las mejores y la seguridad no está garantizada.
La mayoría de pasajeros son los residentes de estos centros poblados. En todo el viaje, la lancha hace unas siete paradas. En cada una, vendedores llegan en peque peque para ofrecer almuerzos, panes, frutas, bebidas y otros productos.
El panorama es triste pues ganan poco, sus viviendas son precarias y desde pequeñitos están expuestos constantemente al peligro.
Al caer la noche, la situación empeora. Mujeres con hijos en brazos bajan de la lancha. A menudo uno de sus familiares las esperan en un peque peque, en medio de la oscuridad, con apenas la linterna del celular. Las ayudan con los paquetes y se internan en el río a su suerte. La fe es a lo único que se aferran. Si hay algún accidente, ¿alguien los podrá ayudar? La pregunta cae de madura: ¿A alguna autoridad le causará indignación estas condiciones?
En la mayoría de estas zonas no hay señal, solo el internet satelital del bote. Sin duda, la declaratoria de esta zona de conservación no solo mejoraría la economía local, sino también el transporte, las vías de acceso, abriría oportunidades para mejorar la educación y traería desarrollo.
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