Imaginaba que teniendo la vida en juego, mis paisanos tomarían en serio las cosas y no le sacarían la vuelta a la ley como estaban acostumbrados, pero no. Ahora, en cambio, quienes estamos lejos y aquellos que viven en la ciudad, experimentamos a diario el terror de que alguno de los nuestros seres queridos se desvanezca en un último suspiro.