Mientras la economía global navega aguas turbulentas, el Perú cuenta con un ancla de estabilidad: Julio Velarde al frente del BCR. Su gestión técnica y prudente constituye el dique de contención contra la inflación y la inestabilidad cambiaria. Este faro de solidez macroeconómica brilla con mayor intensidad cuando se contrasta con la errática y meliflua gestión de los últimos ministros de Economía. Velarde, en su larga y prestigiosa trayectoria, ha cumplido sistemáticamente con el mandato primordial de preservar el valor de la moneda. Bajo su liderazgo, el BCR ha actuado con previsión y autonomía, manteniendo la inflación dentro de la meta y garantizando que el sol siga siendo una de las monedas más estables de la región. Esta consistencia es la base sobre la que se sustenta la confianza de inversionistas y ciudadanos.
En lamentable contraste, desde el MEF hemos sido testigos de una sucesión de titulares que, lejos de coadyuvar al desarrollo, han cedido a la presión por medidas populistas de corto plazo. La aprobación de los sucesivos retiros de las AFP, una medida que socava el sistema privado de pensiones y pone en riesgo inversiones para el desarrollo, aunada a los millonarios salvatajes a Petroperú, que han drenado las arcas públicas para rescatar a ese emblema izquierdista, son ejemplos notorios.
El resultado de esta dicotomía es evidente: por un lado, un BCR que ancla la economía; por el otro, un MEF que relaja la disciplina fiscal, incrementa el déficit y pone en riesgo el futuro. Mientras Velarde apaga incendios, los ministros reparten gasolina. Esta peligrosa divergencia amenaza con erosionar los cimientos de nuestra prosperidad. La solidez del faro no debe ser una licencia para que los políticos naveguen a la deriva. La salud económica del país exige que la prudencia del BCR sea imitada, no contradicha.