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Una ciudad de paz y prosperidad

"La ciudad es el escenario compartido de nuestras vidas cotidianas y, al igual que queremos armonía para nuestras familias, podemos aspirar a una ciudad que también refleje esa sintonía".

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lima
Fecha actualización:
28/12/2025 - 09:25
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En esta época del año, cuando las luces de Navidad empiezan a brillar y nos rodeamos de buenos deseos, la mayoría de nosotros piensa en lo que quiere para sus familias y amigos. 

Usualmente, estos deseos son de paz, de salud y de prosperidad. Más allá del consumismo, se supone que estas fechas nos recuerdan el amor que nos sostiene: agradecemos la buena fortuna y buscamos superar los infortunios junto a quienes más queremos.

Sin embargo, estos buenos deseos suelen estar dirigidos a nuestro entorno inmediato, a nuestros amigos íntimos y a nuestros familiares. Por eso, la propuesta que les hago es pensar que la Navidad también puede ser una oportunidad para extender esos deseos más allá de las paredes de nuestro hogar y reflexionar sobre el bienestar de la ciudad en la que vivimos.

La ciudad es el escenario compartido de nuestras vidas cotidianas y, al igual que queremos armonía para nuestras familias, podemos aspirar a una ciudad que también refleje esa sintonía. Pensemos en esta temporada festiva como una oportunidad para soñar con una ciudad que cuide de todos sus habitantes y que, a su vez, sea cuidada por ellos, así como nosotros cuidamos de nuestros seres queridos. Si entendemos la ciudad como nuestra casa grande, quizá este ejercicio resulte más sencillo.

Los maltratos que sufre la ciudad, ya sea la falta de espacios públicos acogedores, la inserción prepotente de viaductos, la contaminación o la desigualdad en el acceso a servicios, nos impactan de distintas formas. Y así como no desearíamos sufrimiento para nuestra propia familia, ¿por qué no aspirar a que nuestra ciudad sea un espacio de bienestar y no de suplicio? 

En estas fechas de generosidad, podemos reflexionar sobre cómo un urbanismo más sostenible y humano es, en el fondo, un regalo colectivo. Así como adornamos nuestras casas y compartimos buenos deseos, adornemos también nuestra ciudad con espacios que inviten a la paz, la convivencia y la calidad de vida.

Que esta Navidad nos recuerde que cuidar de la ciudad es, en última instancia, otra forma de cuidar de nosotros mismos y de quienes vendrán después. En estas fechas en familia, también podemos conversar sobre la ciudad que merecemos, imaginarla y luego transformarla en eso que deseamos: una ciudad próspera, una ciudad pacífica, una ciudad amable, una ciudad que nos acoja, y no una que nos maltrate tanto como, muchas veces, nosotros la maltratamos.

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