Al margen de quiénes vayan a la segunda vuelta, debemos mantener lo que funciona y mejorar (reformar) lo que no funciona. Podrán preguntar: “¿Qué funciona en nuestra economía?”. Vamos a los datos de 2025: primero, la economía peruana creció 3.44%; segundo, la inflación cerró en 1.5%, sinónimo de estabilidad monetaria; tercero, la inversión privada, que representa 80% de la inversión total, creció 10%; cuarto, las exportaciones alcanzaron un récord histórico: más de 93,000 millones de dólares; quinto, la deuda pública más baja de América Latina: 32% del PBI; y sexto, el déficit fiscal dentro de la regla establecida, pues cerró en 2.8% del PBI.
Todo esto es muy bueno y nuestra primera tarea es no perderlo. Es el equivalente a los cimientos de una casa, que —para que no se derrumbe al primer ventarrón— deben ser sólidos, como los de la economía peruana.
Dicho esto, usted podrá preguntar: “¿Y de qué me sirve si mi vida sigue igual, con muchas privaciones?”. La respuesta es que hay que construir sobre esos cimientos, pues esa casa que hagamos sobre ellos significará un mayor bienestar para todos. Dicho de otro modo, mantener lo que funciona y reformar para mejorar lo que no funciona. Para ello, la evidencia empírica muestra que se necesita una mejora institucional, en especial en cinco campos: educación, salud, seguridad, infraestructura y vivienda. Esto implica una mejora notable en la manera como funciona el Estado. No agregarle más tareas; primero, que haga bien lo que tiene que hacer. ¿Por qué? Porque así lograremos elevar el bienestar de todos, en especial de los más vulnerables.
En economía hay poco por inventar o por probar. Basta ver qué ha funcionado en países que otorgan alta calidad de vida y qué no. Si recordamos los interminables debates previos a la primera vuelta electoral de hoy, verán que la economía no fue un tema. No lo fue porque los datos muestran que funciona, pero de manera incompleta, pues hay que reformar para que todos vivan mejor.
Dicho esto, usted, estimado lector, puede votar por quien crea, pero de algo puede estar seguro: si no cuenta con un equipo y un programa para implementar reformas, serán cinco años perdidos. El crecimiento no alcanza a todos porque el Estado no funciona. Con excepciones, ¿funciona bien el sistema público de salud en el Perú? ¿Y la calidad educativa? Ni me pregunto por la inseguridad. Esas son tareas del Estado que se financian con los impuestos que pagamos. No caigamos en promesas que no se pueden cumplir; ya deberíamos haber aprendido. El populismo es una marca registrada en el Perú y no nos ha llevado a nada. La economía no es un acto de fe, ni magia, ni dogma. Es una ciencia social que tiene como objetivo que todos vivan mejor. Sin embargo, la economía no funciona en un vacío, sino en una realidad concreta. Y esa realidad viene influida por la política, la credibilidad en nuestras instituciones, etcétera. Sin reformas institucionales no hay paraíso, pues la economía se asienta sobre el funcionamiento de las instituciones.
Perú necesita creer para crecer; sin ello ni siquiera podemos pensar en lograr una mejor vida para todos. Creer es difícil, pues creímos y nos fallaron. Hoy debemos votar de manera sensata: esto significa mantener las buenas cifras macroeconómicas mencionadas en el primer párrafo. Para muchos es normal que así sea; pero una revisión de la historia económica del Perú muestra que no es así. Por eso, hay que mantenerlas para construir sobre ellas.