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Un intercambio epistolar

"El siguiente texto es ficticio; por tanto, nada corresponde a la realidad: ni los personajes, ni las situaciones, ni los diálogos, ni quizá el autor. Sin embargo, si usted encuentra en él algún parecido con hechos reales, ¡qué le vamos a hacer!".

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Yuri
Fecha actualización:
28/02/2026 - 13:23
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Estimado Hernando:

Si estás leyendo estas palabras quiere decir que mi emisario ha cumplido su misión: hacerte llegar esta carta en sobre y papel, o en físico, como dicen ahora y como nunca decíamos en nuestros tiempos, donde a nadie se le ocurría mandar algo que no fuera físico. Pero pensándolo bien, cuando alguien mandaba saludos a alguien no estaba mandando algo físico, salvo que esos saludos vengan con un ramo de rosas o algo así. La cosa es que te estoy escribiendo a la antigua, que es la mejor y la única manera en que hago las cosas. Y lo hago por dos motivos. El primero es para pedirte disculpas por la manera en que ocurrió todo. Te aseguro que si hubiera dependido de mí, si la decisión final hubiera sido mía, o sea, si yo realmente fuera el presidente las cosas hubieran sido distintas; aunque pensándolo bien quizá hubieran sido mucho peor. Pero lo que trato de aclarar es que fui sincero cuando te dije que quería que seas mi premier; aunque puede ser que eso sea lo único sincero que te haya dicho. Me sorprendió mucho que te hayas enterado de que no ibas a ser premier por televisión. Yo juraba que había sido por Internet. También te confieso que me pasó algo parecido o peor todavía. Yo me enteré de que tú no ibas a juramentar en plena juramentación. Yo pensé verte ahí, pero no sé en qué momento me hicieron el cambiazo. Me pusieron una premier y unos ministros que no sé de dónde los sacaron. Aunque pensándolo bien sí sé de dónde los sacaron, o, mejor dicho, quién se los sacó del bolsillo. Por todo eso, te pido una disculpa y, si es necesario, hasta dos.

Otra cosa, seguro que mi emisario ha insistido en que no se irá de tu casa hasta que escribas la carta de respuesta. Tiene instrucciones de traerla aquí cuanto antes para que nuestra comunicación sea rápida y fluida. Espero que no te incomode.

Querido José María:

Acuso recibo de tu carta. La verdad es que no esperaba menos de ti; esperaba muchísimo más. Sin embargo, déjame decirte que yo considero ese incidente superado, terminado y olvidado. Y así tiene que ser porque no puedo darme el lujo de perder el tiempo en rencores o resentimientos… es decir, don’t get me wrong, yo puedo darme los lujos que yo quiera, pero me abstengo de darme este porque perder el tiempo en esa clase de sentimentalismos es precisamente eso: perder el tiempo. Y yo no quiero perderlo lamentándome e imaginándome que en estos momentos yo ya sería premier, y estaría atravesando Lima rodeado de todo mi séquito de seguridad, ese esforzado grupo de agentes de la policía cuya labor trascendental es evitar que los comunes mortales se acerquen a mí, directamente, como si fuéramos de similar linaje y con pedidos tan estrafalarios como trabajo, salud y educación. Yo les ofrecería darles títulos de propiedad a todos ellos, incluso a los que no tengan una propiedad, para que veas la mar de inclusivo que soy. De todas maneras, agradezco tu misiva. Sin embargo, no me tomó del todo por sorpresa. Yo ya empecé a sospechar que mi premeriato estaba en peligro cuando te vi juramentar a todo el gabinete ministerial. En muy resumidas cuentas, disculpas aceptadas.

By the way, junto con la carta, te estoy enviando con el emisario la lista de personas que iban a ser mis ministros. Estoy seguro de que cualquiera de ellos podría aceptar algún otro cargo de importancia. Claro, siempre y cuando te contesten las llamadas. Por cierto, mientras el emisario estaba esperando que terminara esta carta, entró a mi cava y se tomó, íntegra, una valiosísima botella de vino Cabernet Sauvignon. ¿Cómo haríamos con eso?

Estimado Hernando:

Me da mucho gusto que hayas tomado de la mejor manera lo ocurrido. En cualquier caso, y pensándolo bien, felizmente que no llegaste a perder el tiempo siendo premier. Te hubieras estresado demasiado. Es mucho mejor que lo pierdas en otras cosas más productivas. Además, ¿no dicen que las cosas ocurren por algo? Es verdad que en este caso no ocurrieron por algo sino por alguien. Prefiero no mencionar su nombre, pero tú sabes bien de quién estoy rajando, perdón, hablando. Me contaron que te reventó el teléfono para que le contestes la llamada. Es algo que no comprendo. ¿Cómo esperaba que le contestes si ya te había reventado el teléfono? Tú sabes también que hay otros favores que tengo que pagar porque, y esto puede sorprenderte, no me eligieron presidente precisamente por mis ideas de vanguardia. Pero así es la política. Hay muchos negociados, trueques y, como sabes muy bien, muchos engaños. Como te dije en la carta anterior, te había escrito por dos motivos. El primero fue para pedirte disculpas y el segundo es para pedirte un gran favor. Yo estaría muy honrado si aceptas ser mi asesor principal. Tendrías que ser, desde luego, y pese al sol terrible de estos días, un asesor en las sombras. Y tendría que ser así porque te estoy haciendo esta propuesta un poco a escondidas. Es mejor así porque si se enteran lo más seguro es que no me dejen hacerlo, me regañen y me manden a la cama sin postre. Entonces, Hernando, ¿qué dices? ¿Aceptas?

Casi lo olvido. Sobre el consumo del emisario, no te preocupes. No es que se te vaya a pagar lo que consumió en tu casa, solo te pido que no te preocupes. Lo que sí hice fue pedirle que algo así no se repita. Aunque no lo creas, el hombre es de fiar, solo que a veces se toma confianzas excesivas. Algo parecido pasó cuando lo mandé al escondite de Vladimir. Este luego me llamó indignado. Se había fumado dos de los habanos que le había regalado Fidel.

Querido José María:

Que pese a todas las presiones sigas buscándome para tener acceso libre y oportuno a mis consejos, habla muy bien de ti; pero, y esto es lo verdaderamente importante, habla mucho mejor de mí. Como es mi deseo responderte de la manera más personal, íntima y representativa posible, te responderé en inglés: Please forgive me, my dear friend, but I find myself obliged to respectfully decline your offer. Yo sé que no me entendiste, así que te lo repito y te lo resumo en el español de Castilla: Te lo agradezco, pero no. Vaya, creo que es el nombre de una canción. Y un poco también lo que la gente me dice cada vez que me he lanzado a la Presidencia. They miss it. Sin embargo, si alguna vez te encuentras en una situación apremiante, de emergencia, prácticamente de vida o muerte, puedes llamarme con absoluta confianza. Yo, como corresponde, estaré dispuesto a no contestar las 24 horas del día.

Respecto a tu emisario, te informo que te ha obedecido a pie juntillas. En ese sentido, debes saber que, pese a mis resquemores, no ha infringido la norma que le impusiste y ya no ha consumido ni uno solo de mis vinos. Se los va a llevar todos.

 

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