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Un Congreso menos fragmentado, pero no necesariamente más gobernable

"El Partido del Buen Gobierno se mantiene como actor autónomo, mientras que Obras se perfila como pivote clave en votaciones, sin claridad sobre su alineamiento".

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CONGRESO
Columna de Augusto Rey.
Fecha actualización:
15/04/2026 - 12:20
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Los resultados preliminares para el nuevo Congreso bicameral permiten esbozar una primera conclusión: el Perú no ha resuelto su problema de gobernabilidad, pero sí ha cambiado su forma. Con algunas curules aún por definirse, las tendencias permiten anticipar la estructura general del Parlamento.

A diferencia del periodo unicameral, marcado por una fragmentación extrema, la nueva configuración muestra un sistema más ordenado en bloques. Seis fuerzas concentran la representación en ambas cámaras, reduciendo la dispersión. Sin embargo, este orden descansa sobre un equilibrio delicado.

En el Senado, Fuerza Popular y Renovación Popular alcanzarían una mayoría exacta, sin margen para disidencias. Frente a ello, se perfila un bloque opositor entre Juntos por el Perú y Ahora Nación que, aunque minoritario, podría actuar con cohesión. Esta asimetría, mayoría frágil frente a minoría organizada,  introduce tensión permanente.

Las bancadas intermedias adquieren un rol decisivo. El Partido del Buen Gobierno se mantiene como actor autónomo, mientras que Obras se perfila como pivote clave en votaciones, sin claridad sobre su alineamiento.

En Diputados, el escenario es más exigente: el bloque mayoritario no alcanza la mayoría y enfrenta a una oposición cohesionada con capacidad de incidencia. El poder efectivo se desplaza hacia estas bancadas bisagra.

Más que un Congreso dominado por una mayoría, se configura un sistema donde la capacidad de articular alianzas define el poder. Desaparece el bloque transaccional de Podemos y APP del periodo anterior y emerge una lógica más estructurada, aunque no necesariamente más predecible.

La derecha tiene una ventaja estructural, pero no control. La necesidad de acuerdos introduce moderación, pero también inestabilidad. La bicameralidad añade complejidad: el Senado podría ser más manejable, mientras que Diputados definirá las correlaciones reales.

En suma, el Congreso será menos fragmentado, pero seguirá siendo un sistema de equilibrios finos. El Perú transita de un caos abierto a un orden precario, tan frágil como decisivo.

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