PUBLICIDAD

Tiempos de populismo

“El populismo no es opción y nuestra propia historia lo demuestra, pues los ciudadanos ya estamos hartos de promesas que no se cumplen”.

Imagen
(Gemini/Perú21)
(Gemini/Perú21)
Fecha actualización:
22/03/2026 - 07:10
Escucha esta nota

Estamos a tres semanas de las elecciones. Todos los candidatos aumentan casi sin límite sus promesas electorales. Creen que así lograrán más votos. A lo mejor es cierto, pero de algo podemos estar seguros: no cumplirán con sus promesas. Observe, estimado lector, que nunca explican de dónde saldrá el dinero. Piensan que el dinero crece en los árboles.  

Por eso, no dudo que las condiciones parecen estar dadas para un futuro gobierno populista. La baja aprobación de las instituciones, como el Congreso, las organizaciones políticas, así como los poderes Ejecutivo y Judicial, es una prueba de ello; en esas condiciones aparecen los populistas, que se presentan como los verdaderos representantes del pueblo y prometen tener la receta mágica para terminar con los problemas de los excluidos y marginados, a quienes dicen representar. Nunca definen quiénes son parte del pueblo. Tienen discursos llenos de promesas imposibles de cumplir y culpan a la élite política, de la cual ellos mismos son parte, de todos los problemas del país.  

Sugieren medidas que suenan bien y, como suelen decir, obvias. En economía nada es obvio. En simple, el populismo plantea una división de la sociedad entre el pueblo, puro e ignorado, contra la élite, corrupta y que solo busca sus propios intereses. Polariza y no busca consensos; por eso, es enemigo de la democracia.  

Nadie duda en el Perú de que la igualdad de oportunidades es un mito; tampoco de que gran parte de la población vive en condiciones de extrema vulnerabilidad. Habría que ser ciego o indolente para no verlo. Algo hay que hacer y desde hace mucho tiempo. No discrepo en el qué, sino en el cómo. El populismo no es opción y nuestra propia historia lo demuestra, pues los ciudadanos ya estamos hartos de promesas que no se cumplen.

El populista siempre busca un culpable para explicar por qué no se implementan las medidas correctas. La lista es larga y el populista los califica como los enemigos del pueblo: la clase política (ellos dicen ser diferentes), los intereses creados de las autoridades, a quienes no les importa el pueblo, los bancos, las empresas, los extranjeros que vienen al país y un largo etcétera. Perú requiere reformas institucionales, pero los populistas solo quieren aprobación y culpar a otros. Ya verán qué hacen después.

La economía tiene límites. ¿Quiere identificar a un populista? Pregúntele cómo se financiará su iniciativa. ¿Quién paga? Luego, pídale que le explique las consecuencias no deseadas de su propuesta. Pongamos un ejemplo. Digamos que se aumenta el presupuesto a salud a 10% del PBI. Aplausos. Apliquemos el método. ¿A qué sector le van a quitar dinero para poder colocar más en salud? ¿Quién pierde? Ya ni siquiera pregunto por qué 10% y no 12% o 9%, porque tampoco se entiende de dónde saldría el número. ¿Y cómo se va a usar ese dinero? Si no se hacen reformas y se mantiene el sistema de salud tal como está, no podemos esperar resultados distintos. El dinero es un insumo, pero no es el determinante de una mejora en la salud. Lo que importa no es cuánto dinero pongas, sino el impacto sobre los sufridos peruanos que hacen colas interminables en la búsqueda de una cita médica o un remedio simple, y viven un increíble maltrato.

Y aquí vienen las otras preguntas a un populista. ¿Tiene usted evidencia empírica que demuestre que destinar 10% del PBI o congelar precios va a lograr los resultados deseados? ¿En cuánto tiempo? ¿Quién y cómo lo gastaría? Si seguimos gastando de la manera como lo hacíamos, no habrá ningún resultado distinto.

TAGS RELACIONADOS
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD