Estuve unos días en Estados Unidos. A punto de cruzar la cebra en un cruce peatonal, grande fue mi sorpresa cuando un auto “no tripulado” se detuvo amablemente y me dejó pasar. Quedé estupefacto. Nunca había visto un carro vacío andando por la calle, ni lo había escuchado, ni me lo habían contado. Pensé que los autos no tripulados eran aún cosa del futuro. Pues no. Existe una empresa llamada Waymo que opera autos completamente autónomos (sin chofer humano). Estos vehículos se piden desde una app (como Uber) y tanto la coordinación como el auto se manejan solos gracias a la inteligencia artificial.
Esto fue en Miami. Había ido con tres amigos a ver el Miami Open de tenis (cuatro aficionados). Mientras caminábamos por la calle alucinados, comentando acerca del taxi sin taxista, miraba también los grifos sin griferos, los peajes sin cobradores, y los lavacarros automáticos. Para rematar, llegamos al torneo y grande fue mi sorpresa al ver que ya no existen más los jueces de línea en las canchas; ahora todo lo hace una máquina. En una cancha de tenis profesional había antes seis jueces de línea. En un Grand Slam hay 64 canchas, 64 x 6, pensaba yo…, son 384 patas que se quedaron sin chamba. Cuántos taxistas estarán ahora desempleados por el Waymo, y así sucesivamente. Yo mismo, en Lima, estoy sorprendido de cuánto usan ahora mis pacientes el ChatGPT para hacer consultas médicas y legales. Es decir, consultas que antes se hacían con un abogado o con un doctor, ahora las resuelven gratis, al instante y con un grado de asertividad alto con la IA.
Tengo que confesar que el carrito sin chofer humano me generó angustia. Y no porque tenga miedo de subirme a un auto donde el volante gire solo (estoy seguro de que las máquinas son eficientes), sino porque estoy convencido de que el desarrollo impresionante de la tecnología va a traer grandes problemas de salud mental.
Ya hemos visto, en el reporte de la OMS 2025, que la generación de jóvenes actual está seriamente afectada por haber crecido con exceso de pantallas y tecnología. Ha generado una serie de deficiencias serias y una salud mental comprometida. Pero a esto se le va a sumar el desempleo. Y el desempleo es grave. El ser humano es un ser de “sentido”, necesita sentirse útil, productivo y encontrar propósito en la vida.
No estoy diciendo que la tecnología sea mala; estoy diciendo que la tecnología va a generar que mucha gente se quede sin chamba en el futuro y eso va a traer varios problemas de salud mental.
Vamos pensando juntos desde ahora. La idea es que el ser humano gobierne las fuerzas que ha desatado y no que las fuerzas que ha desatado nos gobiernen a nosotros.