Observen bien el panorama. Salgan un momento del plano casero. Retiren la vista de los desaguisados del jefe de la ONPE, el ítalo-peruano Piero Corvetto, y centren la atención a los vaivenes de la geopolítica internacional. Perú es clave, geopolíticamente hablando. Clave para China, pero más clave aún para EE.UU.
Si hoy se cerraran las votaciones tendríamos a Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, en ese orden, en la segunda vuelta. Dos claras tendencias ideológicas y dos posicionamientos internacionales disímiles. Muy disímiles. Se podría decir que Keiko gira a EE.UU. y a las corrientes proamericanas que han llegado a Argentina, Chile, Bolivia, Ecuador. Venezuela es un protectorado desde la captura de Maduro y su esposa, por tanto, ya no cuenta. Keiko estuvo en la toma de mando de José Antonio Kast, mensaje a la derecha peruana “porkysta”, a los poderes fácticos nacionales y a la derecha sudamericana. Fuerza Popular es el gobierno del orden y la certidumbre. Nada de excesos.
Roberto Sánchez mira hacia China. Lo hace con total atención. Sánchez proviene de la provincia de Huaral, donde se ubica el puerto de Chancay, infraestructura estratégica de la “La franja y la ruta”. De ser electo, Sánchez —como la izquierda en pleno— no tardará en bajar la cabeza a los intereses chinos en el Perú, cabecera de playa en la geopolítica china.
EE.UU. no podía permitirse que Balcázar se traiga abajo la compra de los F-16, los aparatos más modernos de la región; la propia empresa constructora le había dado al Perú mayores prerrogativas que a otros países. Ya Balcázar no había asistido al Escudo de las Américas, el nuevo grupo liderado por Marco Rubio, el nuevo Kissinger del momento. Mensaje en clave que tomó en el aire Bernie Navarro, embajador norteamericano, cuyos modales “trumpianos” no esconde. Balcázar —como presidente— pensó que tenía margen de maniobra para hacer sentir su investidura, pero el poder de todo el aparataje del Estado le hicieron tocar realidad: es un presidente sin poder real.
Pero hay un detalle. EE.UU. y su embajador miran con preferencia a Keiko. En el corto plazo Sánchez es un riesgo para los intereses norteamericanos, pero en el mediano y largo plazo es altamente probable que, de ganar, siga los pasos del colombiano Gustavo Petro, otro que tuvo que bajar la cerviz ante la fuerza trumpista e ir a dar explicaciones a Washington, antes de que lo lleven enmarrocado por sus nexos con el narco. Los chinos, fiel a su pragmatismo pueden convivir con Keiko o con Sánchez. Imposible convivir con Rafael López Aliaga. Keiko y su ascendencia oriental, no caerá en extremismos. El mismo Milei tuvo que comerse sus críticas hacia China. La segunda vuelta también viene con razonamiento geopolítico.