La semana pasada se llevó a cabo la reunión anual de banqueros centrales en Jackson Hole, Wyoming, como ya nos tienen acostumbrados. Este año la reunión tuvo un tono distinto al del año anterior cuando todo estaba tranquilo, particularmente en EE.UU. con inflación a la baja, mercados laborales sólidos y el ciclo de reducción de tasas de interés empezando. Como siempre el discurso más esperado fue el del anfitrión Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal (FED).
La conferencia este año se realizó en el contexto de divergencias en políticas entre la FED, el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra, cada uno enfrentando distintos retos. EE.UU. enfrenta una economía con precios al alza por los aranceles y un mercado laboral más complicado que dificulta la decisión sobre la futura trayectoria de las tasas. Su discurso llega en medio de una presión sin precedentes del gobierno Trump para que se reduzcan las tasas, amenazando la independencia de la FED en la determinación de la política monetaria.
En su discurso, el viernes, Powell abrió con cautela la puerta a un recorte de tasas de interés en septiembre, señalando que las cifras del mercado laboral, incluyendo el desempleo y la creación de nuevos puestos, pueden justificar el ajuste de la postura de política de la FED. Sin embargo, fue claro en indicar los riesgos al alza en la inflación debido a que son claramente visibles las presiones inflacionarias relacionadas con los aranceles.
Es claro que la FED la tendrá difícil en septiembre por la información contradictoria existente con respecto al empleo, por un lado, y a las presiones inflacionarias por el otro; lo primero apoya una reducción de tasas, y lo segundo, mantener una política monetaria contractiva. Powell resaltó que cuando los objetivos entran en tensión, como en este caso, la obligación de la FED es equilibrar ambos lados de su doble mandato: pleno empleo e inflación bajo control.
El presidente de la FED también expuso los cambios realizados en el marco de política monetaria, la estrategia de largo plazo que guía las decisiones del banco central, indicando que ahora guiarán las decisiones de cambios en tasas no solo en función de sus objetivos de la tasa de desempleo de largo plazo, vigente desde 2020, sino siendo cuidadosos de no renunciar a elevar las tasas cuando el mercado laboral fuera sólido, previniendo una mayor inflación. El ajuste sugiere una menor tolerancia a un mercado laboral recalentado u otros factores que plantean riesgos para la estabilidad de precios, indicando que en esos casos una acción preventiva estaría justificada.
Powell también reafirmó su objetivo de inflación de 2% y la importancia de mantener ancladas las expectativas inflacionarias. Los mercados recibieron su discurso con euforia. Sin embargo, este optimismo puede ser prematuro si las cifras de inflación siguen en aumento, ya que Powell fue claro al indicar que la lucha contra la inflación sigue siendo una prioridad, expresando que no permitirán que un problema puntual de nivel de precios se convierta en un problema de inflación. Lo sabremos en unas semanas.