Hoy son cuatro presidentes tras las rejas, con la última decisión del Poder Judicial de enviar a Martín Vizcarra cinco meses a prisión preventiva. En realidad debió ser media docena de presidentes presos hoy en día, si no hubieran fallecido Fujimori y Alan García, que se suicidó para evitar la cárcel.
Es un hecho sin precedentes en América Latina y el mundo tener a tantos expresidentes presos, porque generalmente estos tienen tanto poder que siempre han evadido a la justicia, a excepción de algunos dictadores que tuvieron que responder ante ella por los latrocinios cometidos en sus gobiernos, pero después de procesos largos y engorrosos, la mayoría de dictadores quedó en la impunidad.
En el caso de Martín Vizcarra ya se avizoraba una resolución de esta naturaleza, que le prohibiría su libertad, por las evidencias de querer fugar de la justicia, ante la inexorable sentencia que se le viene por hechos de corrupción durante su gestión como gobernador regional en Moquegua, justamente por las obras Lomas de Ilo (Pasto Grande) y el Hospital de Moquegua, que lo sindican de haber recibido coimas millonarias a cambio de direccionar las obras a las empresas ICCGSA y Obrainsa.
La evidencia de las pruebas y los colaboradores eficaces, que han dado información detallada de la corrupción, dejan a Vizcarra expuesto a una sentencia condenatoria, por tanto, era evidente lo que estaba pretendiendo lograr con toda la campaña política que venía desarrollando a nivel nacional. Lo denunciamos desde este diario, en columnas previas, sobre la eminente sentencia en su contra, y que, por tanto, no se le había ocurrido mejor idea que hacer campaña política efectiva, porque eso le permitiría granjear una gran aceptación electoral, para después victimizarse y buscar algún aliado estratégico que le permita obtener un asilo político, para así huir de la justicia.
Desde esta columna hemos denunciado los actos de corrupción de Vizcarra y el aprovechamiento político que siempre ha hecho del cargo delegado por voto popular, que nos lleva a inferir que está involucrado en actos de corrupción, por tanto, tiene el deber de rendir cuentas a la justica. Pero también, con toda objetividad, es evidente el uso político de sus adversarios para ensañarse con él, aunque fue el propio Vizcarra quien generó estos cuestionamientos. Es indudable su capacidad histriónica y el uso del marketing político, lo que le ha granjeado una popularidad inusitada, que así este preso va a ser un actor importante.