La destitución de la presidenta de la república volvió a ocupar los titulares de los principales medios de la región. La inestabilidad politica y la terminacion anticipada de los mandatos se han convertido en una constante en la historia peruana reciente. El último presidente que concluyó su mandato completo en este siglo fue Ollanta Humala (2011-2016). Desde entonces, los presidentes han permanecido en el cargo un promedio de apenas 18 meses, duración que contrasta con el mandato de 5 años previsto en la Constitucion. Pero esa diferencia no es la única; entre el diseno formal y el funcionamiento real del sistema existen notables divergencias.
La lectura de la Constitución ubica al Perú entre los regímenes presidencialistas, pues el presidente, elegido por voto popular junto con dos vicepresidentes, ejerce simultáneamente las funciones de jefe de Estado y de gobierno. No comparte el poder con el presidente del Consejo de Ministros, quien no es un primer ministro, ya que carece de atribuciones de gobierno propias, como ocurre en los sitemas parlamentarios o semipresidenciales. Desde el siglo XIX, se incorporaron mecanismos de control propios de los regímenes parlamentarios, como la refrendación, la interpelación, la censura ministerial y la facultad presidencial de dosilver el Congreso, instituclones ajenas al presidenctalismo clásico. Por ello, se describe al sistema peruano como un presidencialismo atenuado o parlamentarizado.
La vacancia por permanente incapacidad moral también fue incorporada en el siglo XIX. Hoy, el cudadano peruano promedio conoce blen su aplicación. Aunque su natuřaleza jurídica y alcances siguen siendo objeto de debate, su uso frecuente ha llevado a cuestionar si, en la práctica, el país ha transitado hacia un modelo distinto. Los presidencialismos, en teorla, se caracterizan por la rigidez de los mandatos, pero diversos estudios muestran que en la práctica estos suelen interrumpirse antes de su término debido a la inestabilidad politica.
En el Perú existen factores contextuales que explican las crisis presidenciales. En los últimos años han coincidido presidentes sin mayoria parlamentaria, peor aun, sin partidos y sin bancadas oficialistas. A la debilidad institucional se añade la fragmentación politica que puede agudizar los conflictos entre Ejecutivo y Legislativo. Estós factofes no excluyen la necesidad de mejorar el diseño del sistema de goblerno. Por lo pronto, la vacancia y las acusaciones constitucionales tendrán un
procedimiento más complejo en el futuro Congreso bicameral.