Luego de escuchar los debates, me parece que los candidatos, en su búsqueda de votos, han dejado de lado los principios básicos de economía. A continuación, algunos principios que sirven para ver qué hay que tomar en cuenta al plantear una propuesta. No son de izquierda ni de derecha.
Primero, la economía tiene distintas definiciones, pero la mayoría toma como punto de partida la idea de que existen recursos escasos que impiden satisfacer todas nuestras necesidades, al menos al mismo tiempo. Como consecuencia, tenemos que decidir qué hacer con los recursos. No se puede hacer todo al mismo tiempo.
Segundo, las personas, empresas y gobiernos toman decisiones, sean buenas o malas, acertadas o no, pero no hay duda de que deciden. Lo hacen porque tienen algún objetivo, sea este personal, grupal o de cualquier índole, y al hacerlo comparan los beneficios y los costos de cada decisión.
Tercero, lo anterior ocurre porque una característica central de la economía es el reconocimiento de que los recursos son escasos. No podemos hacer todo al mismo tiempo. Si tenemos una determinada cantidad de dinero, usarla en una alternativa significa dejar de hacerlo en otra. Si el candidato dice que elevará el gasto en educación a 6% del PBI (¿tendrá claro cuánto dinero es?), tendrá que sacrificar dinero que iba a ser usado en seguridad ciudadana, y así sucesivamente.
Cuarto, lo cierto es que enfrentamos disyuntivas y tenemos que escoger alguna de ellas, y en esto no hay discusión. Podemos discrepar en por qué elegir una opción sobre otra, pero no en el hecho de que tenemos que escoger. ¿Qué están dejando de lado los candidatos cuando afirman que usarán el dinero en determinado destino?
Quinto, el dinero no crece en los árboles. Los gastos se financian con ingresos. Algunos candidatos dijeron que aumentarán el salario mínimo, sea de profesores o de otros. Suena bien. Pero ¿de dónde saldrá el dinero? Es muy fácil decir que hay que gastar sin que se explique de dónde sale el dinero. Cualquier propuesta que no cuente con esa información es un deseo, pero no una propuesta seria. ¿A quién le están quitando el dinero para financiar los mayores sueldos? Si el dinero sale de deuda, entonces tengamos claro que mañana pagaremos más por concepto de impuestos para poder financiar ese gasto de hoy. No es posible gastar por encima de los ingresos de manera indefinida.
Sexto, el costo de oportunidad es el costo de la mejor alternativa dejada de lado y está presente en toda decisión. Veamos un ejemplo. Si el Gobierno decide gastar, siguiendo con el ejemplo, en aumentar los sueldos, entonces tendrá que reducir el gasto en otros rubros, por ejemplo, seguridad.
Séptimo, las decisiones deben tomarse sobre la base de evidencia empírica. De lo contrario, son solo opiniones. Y todos podemos opinar lo que nos plazca en cualquier área. Siempre que escuchemos propuestas, debemos hacernos cinco preguntas: ¿quién paga?, ¿cuáles son los efectos no visibles de cada decisión?, ¿se ha probado en otra realidad?, ¿cómo se va a usar el dinero?, ¿qué impactos esperan?
Por último, la economía no es una creencia ni un acto de fe; es una ciencia social. Optar por una alternativa, cualquiera que sea esta, significa escoger una forma de priorizar qué hacer primero y qué hacer después. Al menos en teoría, pues sabemos que muy pocos votan pensando en programas de gobierno. Tal vez ahí esté el problema.