En 2011, el cuadro se incluye en una exhibición de la obra de Da Vinci en la National Gallery de Londres, aunque el juicio sobre su paternidad no es unánime, pues hay académicos que la disputan. A pesar de todo, los propietarios consiguen vender el cuadro en 2013, a través de Sotheby’s, por la friolera de 80 millones de dólares a un marchante suizo, quien, a su vez, meses después, lo revende a un oligarca ruso por 127 millones (o más precisamente a una sociedad de las Islas Vírgenes Británicas, creada con Mossack y Fonseca, que controla el ruso). En noviembre de 2017, el oligarca consigue colocarlo, en subasta en Christie’s, por 450 millones a un príncipe saudita (parece que testaferro del gobernante saudita Mohammed Bin Salman). El precio más alto pagado por un cuadro y ni siquiera hay la seguridad completa de que sea de Leonardo.