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Paraísos perdidos

"Me di cuenta de que ese lugar era mi reserva de felicidad. Allí no tengo casa propia, pero soy feliz". 

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Paraísos Perdidos gonzalo elias
Columna por Gonzalo Elías
Fecha actualización:
23/02/2026 - 07:05
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Todos tenemos nuestros paraísos perdidos. Ese lugar de la infancia feliz, el que recuerdas con olores y texturas. Ese que, cuando te preguntan por los “buenos tiempos”, como cantaba Diego Bertie, viene a tu mente como una asociación libre, como un sueño.

Para algunos es el campo; para otros, esos veranos interminables de la niñez. La playa. Para mí ese lugar es Ancón. Ahí aprendí a navegar y a nadar con ‘Machete’, nuestro profesor, que nos arrojaba al mar desde el muelle San Martín y tenías que remar por tu vida. Ahí aprendimos a montar bicicleta en el malecón estilo Copacabana, comer helados de Raúl, papitas de Agustín y bajarnos los cerros (y las olas) de Pasamayo. Ahí fui a mi primer concierto, a los 12, y canté con toda mi alma “Caras nuevas” y “Los buenos tiempos”, de Imágenes.

Luego me fui, conocí las playas del sur, hasta tuve una casa. Pero regresé a Ancón. Me di cuenta de que ese lugar era mi reserva de felicidad. Allí no tengo casa propia, pero soy feliz. Dicen que mientras más viejos nos ponemos, más queremos regresar a los lugares de la infancia, a nuestros paraísos perdidos. Ahí donde fuimos verdaderamente felices.

Todos tenemos un lugar así, un refugio, un paraíso perdido al que podemos volver. Es importante hacerlo, al menos de vez en cuando; honrar con gratitud esos espacios y personas que tanto nos han dado.

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