“¡Aquí estabas, Segundo!” (el personaje que encarna Junior) le digo yo, sin ocultar mi emoción, y el chico se frota los ojos, respira hondo y sonríe con gratitud a los aplausos que le damos. Lo felicito y le pregunto si es la primera vez que la ve y me dice que no, es la séptima. Ante mi curiosidad sobre si ha empezado a verle defectos a la película o a él mismo, me revela que no, que cada vez se emociona más. A su lado está sentado Amiel Cayo, puneño en sus cuarentas, quien da vida a Noé, el padre de Segundo, artista sensible, un alma fina que tendrá que soportar violentos castigos por su orientación homosexual.