Por ejemplo, madurez política es gobernar con transparencia. El grado de transparencia de una sociedad mide el grado de su madurez democrática. No transparentes eran los monarcas del viejo régimen. La “sangrienta” María Estuardo no concebía que el pueblo escocés la pretendiera juzgar, si su autoridad venía de Dios. Los gobernantes republicanos no son elegidos por Dios, desde luego. Sí por el pueblo, y a él se deben. La única garantía frente a la corrupción es la transparencia. Es decir, saber por qué, con quién y para qué se llevan a cabo determinados actos.