En nuestro país, si algo ha sido característico cuando se trata de honrar una deuda, es buscar cualquier sinrazón para no pagarla, y a este hecho se le llama, en el argot criollo, el perro muerto. Ahora resulta que el que no quiere pagar los 30 millones de dólares de un laudo arbitral perdido en un tribunal de Nueva York, por el caso de la Línea Amarilla, es el alcalde López Aliaga, aduciendo argumentos surrealistas como que detrás de la resolución arbitral estarían IDL, los caviares y el poder de Odebrecht para negarse a pagar cuando sabe bien que, si no lo hace, será el MEF quien pague la deuda, es decir, todos los peruanos.