Lo venimos reiterando. Las posiciones extremas y radicales, que han polarizado al país, ganan cada día más terreno desde el Congreso, en donde han encontrado el espacio político y de poder para imponer sus agendas trasnochadas y con sesgos hasta religiosos para tumbarse derechos; ni qué decir de las profundas reformas que se habían avanzado en los últimos años, como la del transporte, justicia y la educación superior.